28/10/2024
Hércules en la encrucijada
Amor por el aprendizaje
Es un poco extraño: si piensas en cuando eras niño, ¿qué te parecía la mejor parte de ser adulto? ¡No más escuela!
Esto en gran medida debido a que este es el ejemplo que los adultos en general dan: que la educación se detiene.
Que la edad adulta es como unas larga vacaciones de verano.
Que una vez que cruces esa etapa y recibas tu diploma, tu vida real podrá comenzar.
Pero luego te diste cuenta de lo real que podía llegar a ser la vida siendo adulto.
Encontraste obstáculos que no pudiste superar. Te enfrentaste a cosas que no entendías.
Experimentaste p***s y desgracias que te abrumaron. Tus relaciones no fueron exactamente lo que esperabas que fueran. E incluso si fueras uno de los afortunados, con un éxito más allá de tus más grandes sueños, todavía algo se sentía mal.
Como si te hubieras dado una vuelta equivocada en tu camino hacia la cumbre.
Me gusta el pasaje en la vida de Marco Aurelio en donde lo ven caminando con varios libros bajo el brazo, y al preguntarle que a dónde va, el contesta: “Aprender es algo bueno, incluso para alguien que se está haciendo viejo. Ahora voy en camino hacia Sexto el filósofo, para aprender lo que aún no sé.”
Uno tiene que ser un estudiante de por vida. Conservar, independientemente de la edad, una curiosidad natural por saber, por entender, y utilizar ese nuevo entendimiento para aplicarlo al bien común.
¿Aprender sabiduría práctica que podemos aplicar para mejorar nuestras vidas?
Ese es el reto. Sin importar nuestra edad.
Caer en el entendimiento de que la sabiduría es una búsqueda interminable, creer que uno nunca se gradúa, que nunca llega a algún destino final de educación.
Detente.
Respira.
Reflexiona.
Aprende.