20/08/2026
Art-Ico. 💋
María del Rosario Mendoza Chávez
Su diminuta cintura inspiró hasta al gran
fue una de las mujeres que definieron la época dorada de las vedettes en México, cuando los grandes teatros, cabarets y centros nocturnos presentaban espectáculos en los que una estrella debía saber bailar, cantar, actuar y, sobre todo, dominar el escenario. Su belleza y su extraordinariamente pequeña cintura le valieron sobrenombres como “El Cuerpo” y “La cintura más breve”, pero detrás de aquella imagen exuberante existió una artista que trabajó durante décadas en teatro, cine, televisión y espectáculos nocturnos.
Su verdadero nombre era María del Rosario Mendoza Chávez. Fuentes contemporáneas a su fallecimiento, entre ellas N+, sitúan su nacimiento el 6 de junio de 1943 en Ixtlán del Río, Nayarit, aunque algunos registros antiguos llegaron a consignar otros años e incluso otro lugar de nacimiento. Durante parte de su infancia vivió en Guadalajara y posteriormente en Ciudad Obregón, Sonora. Fue precisamente en Sonora donde comenzó a acercarse al mundo artístico al entrar en contacto con una caravana de espectáculos y trabajar como presentadora. En aquella etapa conoció al reconocido actor Andrés Soler y poco después emprendió el camino hacia la Ciudad de México.
Su llegada a la capital coincidió con una época de enorme actividad en los teatros de revista. Rossy comenzó a trabajar en escenarios como el Teatro Lírico, donde compartió cartel con artistas de la talla de Germán Valdés “Tin Tan”, y posteriormente encontró un escaparate fundamental en el Teatro Blanquita, uno de los recintos más importantes del entretenimiento popular mexicano. También actuó en el cabaret El Capri, donde alternó con figuras como Tongolele y la argentina Zulma Faiad.
Una de las figuras decisivas en su evolución como vedette fue Adalberto Martínez “Resortes”, quien le enseñó a bailar mambo. Aquella habilidad terminaría formando parte esencial de su espectáculo. Rossy llegó a compartir escenarios con Celia Cruz, Enrique Guzmán, Sonia López y Dámaso Pérez Prado. Fue precisamente el llamado “Rey del Mambo” quien, impresionado por su figura, le dedicó la pieza “La cintura de Rossy”, consolidando el apodo con el que sería recordada durante años.
En una época en la que los grandes centros nocturnos competían por presentar a la vedette más espectacular, Rossy Mendoza se convirtió en una figura habitual de lugares como El Clóset, El Cadillac, Las Galaxias, El Can Can, Rondinella y el Terraza Casino. Sus actuaciones podían incluir elaborados vestuarios, coreografías, música en vivo y numerosos bailarines. No era simplemente aparecer frente al público: la vedette encabezaba auténticas producciones y su nombre era utilizado como principal atractivo en las marquesinas.
El cine terminó por multiplicar su popularidad. A comienzos de los años setenta apareció junto a Gaspar Henaine “Capulina” en Capulina contra los vampiros y con Mauricio Garcés en El sinvergüenza. Después llegarían numerosas películas, varias asociadas a la comedia popular y al posteriormente denominado cine de ficheras, género que dominó una parte importante de la taquilla mexicana durante los años setenta y ochenta. N+ señala que su trayectoria cinematográfica superó las 30 películas.
Entre sus cintas se encuentran El festín de la loba, Santo contra los secuestradores, Santo en Oro Negro, El vecindario, California Dancing Club, El ratero de la vecindad, El día de los albañiles, Los verduleros, Tres mexicanos ardientes y Los gatos de las azoteas. A lo largo de aquellos años compartió créditos con algunos de los rostros más populares del entretenimiento mexicano, entre ellos El Santo, Mauricio Garcés, Andrés García, Alfonso Zayas, Rafael Inclán y Capulina.
Pero Rossy Mendoza no fue solamente una figura del llamado cine de ficheras. También trabajó en televisión, participó en programas de variedades y apareció en la telenovela Yara, protagonizada por Angélica María. Asimismo incursionó como cantante y grabó discos, además de trabajar en fotonovelas, un medio de enorme popularidad en México durante aquellas décadas. Su imagen llegó incluso al mundo de las artes plásticas y la fotografía: fue modelo de artistas y fotógrafas como José Luis Cuevas, Nadine Markova y Paulina Lavista, evidencia de que su singular figura trascendió los escenarios de revista.
Con la transformación de la vida nocturna mexicana y la desaparición gradual de los grandes cabarets, las oportunidades para las vedettes de su generación comenzaron a disminuir. Rossy continuó realizando algunas presentaciones y en 1999 participó en el espectáculo Las inolvidables de la noche junto con otras representantes del género. Sin embargo, uno de sus regresos más significativos ocurrió muchos años después.
En 2016, Rossy Mendoza reapareció ante una nueva generación gracias al documental Bellas de noche, dirigido por María José Cuevas, donde compartió protagonismo con Olga Breeskin, Lyn May, Wanda Seux y la Princesa Yamal. La película no se limitó a recordar el esplendor de aquellas mujeres; mostró también lo sucedido cuando desaparecieron las marquesinas, los grandes centros nocturnos y el público que alguna vez las convirtió en estrellas. El documental recuperó su lugar dentro de la historia del espectáculo mexicano y permitió observar a las antiguas vedettes más allá de la imagen sensual que las hizo famosas.
Los últimos años de Rossy estuvieron marcados por serios problemas de salud. Padeció lupus y en 2023 sufrió una caída que le ocasionó fracturas y obligó a someterla a intervenciones médicas. Su condición fue deteriorándose y finalmente falleció el 29 de diciembre de 2023, a los 80 años, según informaron su familia y diversos medios nacionales.
La historia de Rossy Mendoza representa también la historia de una época que prácticamente desapareció: la de los enormes cabarets, las orquestas en vivo, los vestuarios cubiertos de plumas y lentejuelas y las vedettes cuyos nombres iluminaban las marquesinas de la Ciudad de México. Rossy fue actriz, bailarina, cantante y estrella de la noche; una mujer cuya cintura llegó a inspirar un mambo de Pérez Prado y cuyo nombre terminó ocupando un lugar junto al de Tongolele, Olga Breeskin, Wanda Seux y Lyn May entre las figuras más recordadas de aquel espectáculo mexicano.