03/06/2026
Esta historia nos deja la enseñanza de que por muy bueno que seas realizando una labor, siempre será necesario estarse capacitando constantemente (sacarle filo al hacha).
El leñador tenaz
Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel. El primer día se presentó al supervisor, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles.-Te felicito -le dijo el supervisor-. Sigue así.
Animado por las palabras del supervisor, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano. A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles. -Debo estar cansado -pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.
Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el supervisor, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento. El supervisor le preguntó:
-¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?
-Afilar? no he tenido tiempo para afilar. He estado demasiado ocupado talando árboles.
Tomado de la Red.