25/05/2026
“MI DISCAPACIDAD NO ME DEFINE COMO PERSONA; SIMPLEMENTE ES UNA PARTE DE MI VIDA”
Max Aquino | 25 de Mayo del 2026
Navolato, Sinaloa. - ¿Alguna vez te has detenido a pensar en lo mucho que nos enseña la vida cuando nos salimos de lo común? Hoy te invitamos a conocer la historia de una joven que, desde su nacimiento, tuvo que enfrentar retos que muchos ni siquiera imaginamos, pero que con fuerza, amor y voluntad ha convertido en el motor para demostrar que no hay límites cuando hay ganas de crecer.
Se llama Guadalupe de Jesús Hernández Urquiza, tiene 23 años, es licenciada en Derecho y actualmente trabaja como encargada de redes sociales en Canaco Delegación Navolato que preside José Luis Gallardo Castro, juntos han hecho que esta Cámara tenga una mejor imagen en esta región.
Ella nos cuenta que su vida no ha sido fácil: nació prematura a los seis meses de gestación y desde pequeña convive con la parálisis cerebral infantil, una condición que ha marcado su camino, pero que nunca ha logrado detenerla. A través de sus palabras y su experiencia, nos invita a mirar más allá de lo que vemos a simple vista, a cuestionar lo que creemos saber y a entender que la verdadera capacidad no se mide por las circunstancias, sino por el corazón y la determinación.
Su historia no es solo la historia de una persona, es un claro ejemplo de superación, respeto y la creencia en que todos tenemos derecho a crecer, a soñar y a ser valorados por lo que somos.
Guadalupe nació prematura y su vida estuvo marcada desde el principio por la parálisis cerebral infantil, una condición que le ha enseñado que nada es fácil, pero que tampoco es imposible. Desde pequeña tuvo que aprender a hacer las cosas de forma distinta: escribir, caminar, desenvolverse en la vida cotidiana, tareas que para otros son sencillas, para ella significaban esfuerzo, paciencia y mucha dedicación. Con el apoyo de su familia y terapias que recibió durante ocho años, fue construyendo su confianza y su seguridad, demostrando que el amor y la constancia son herramientas poderosas para superar cualquier obstáculo.
Pero su historia también nos habla de realidades que muchas personas con discapacidad viven a diario. En la secundaria, sufrió acoso y burlas: sus compañeros la excluían, hacían comentarios hirientes y se aprovechaban de su sensibilidad para asustarla y burlarse. Esa etapa fue muy difícil, pero también le enseñó una lección valiosa: que existen personas que ven lo que hay en el corazón, que te tratan como iguales y te acompañan sin juzgar. Esa amistad verdadera fue su refugio y le ayudó a entender que el respeto y la aceptación son cosas que se ganan con trato, no con apariencias.
Hoy Guadalupe nos invita a reflexionar sobre cómo vemos a los demás. Nos dice claramente: "Mi discapacidad no me define como persona; simplemente es una parte de mi vida que ha estado conmigo y seguirá estando". Sin embargo, la sociedad a menudo se deja llevar por prejuicios, por lo que cree ver o por lo que le han dicho, y olvida que todas las personas tenemos los mismos derechos, las mismas ganas de crecer y las mismas necesidades de ser valoradas.
Las barreras que impiden la inclusión no son siempre físicas; muchas veces son barreras mentales, creadas por la falta de empatía, por la falta de interés en conocer a las personas por quienes son realmente. Como dice Guadalupe: "Las barreras más grandes no son las físicas, sino los prejuicios". Cuando damos la oportunidad de conocer a alguien, cuando escuchamos su historia y vemos sus capacidades, cuando le damos las mismas oportunidades que a los demás, estamos construyendo una sociedad más justa, más humana y más unida.
Su mensaje para quienes pasan por situaciones similares es una enseñanza de vida: está bien tener días difíciles, pero nunca hay que rendirse. Con paciencia y esfuerzo, se puede salir adelante. Y para la sociedad, su llamado es claro: respetar, empatizar, aceptar y dar oportunidades. Porque todas las personas, sin importar su condición, tenemos virtudes, sueños y mucho que aportar.
Finalmente Guadalupe nos deja una gran enseñanza: la verdadera capacidad no se mide por lo que uno puede hacer rápido o fácilmente, sino por la fuerza de voluntad, el amor propio y la capacidad de seguir adelante a pesar de los retos. Ella es ejemplo de que cuando vemos a las personas más allá de sus diferencias, descubrimos que todos somos capaces de lograr grandes cosas.