30/09/2026
🤔💭✍️
Admitámoslo de una vez, los maestros y directivos también podemos ser malos alumnos cuando nos toca desempeñar ese papel. No importa si la sesión está a cargo de un ponente entusiasta, si incluye dinámicas, trabajo en equipo o actividades participativas. Continuamente observo y escucho como mis compañeros (incluyéndome) murmuran en las filas de atrás, miradas rápidas al teléfono, conversaciones con el compañero, distracciones y cierta resistencia a seguir las instrucciones de quien está al frente.
Y cuando quien coordina se desespera, viene la clásica frase, “es increíble que ustedes, que exigen silencio y atención a sus alumnos, se comporten exactamente igual”, aunque esta evidenciando una realidad que nadie puede negar, explica muy poco esta conducta. No necesariamente estamos frente a una falta de respeto, a una incongruencia moral o a un mal tallerista, sino que tiene que ver que cuando cambia nuestra posición dentro de una situación, también cambian las expectativas y las conductas que se esperan de nosotros.
La psicología social lleva décadas mostrando que nuestra conducta no depende únicamente de cómo somos, sino también del contexto en el que nos encontramos y del papel que desempeñamos en ese momento. Un maestro frente a su grupo tiene responsabilidades concretas (organizar, explicar, establecer límites, tomar decisiones y mantener la atención de sus alumnos), pero ese mismo maestro, cuando se sienta como participante en una capacitación, deja temporalmente esa función y pasa a ocupar otro lugar. Ya no tiene que conducir la actividad; tiene que escuchar, esperar, seguir instrucciones y adaptarse a una dinámica que otra persona está controlando.
Erving Goffman mostró que nuestras interacciones están organizadas por expectativas sociales y por la situación en la que nos encontramos. Por eso no resulta extraño que una persona se comporte de una manera cuando dirige una clase y de otra cuando participa como oyente.
Además, estar sentado frente a un expositor durante una hora no garantiza que vayamos a mantener la atención de principio a fin. La atención humana fluctúa, y eso ocurre tanto con niños como con adultos. El cansancio, la duración de la sesión, el interés por el tema, la forma de presentar la información, las condiciones del espacio y hasta las preocupaciones que cada persona trae consigo pueden favorecer la concentración o la distracción. Una dinámica más “divertida” tampoco garantiza por sí sola que todo el grupo permanezca involucrado.
Por eso quizá convenga dejar de explicar estas situaciones únicamente con frases como “los maestros deberían poner el ejemplo”. Claro que la responsabilidad y el respeto siguen siendo importantes, pero ser docente no nos convierte en personas inmunes al aburrimiento, al cansancio o a la distracción. Cuando nos sentamos en una capacitación seguimos siendo adultos con atención limitada, intereses distintos y necesidades diferentes.
Quienes todos los días intentamos conseguir la atención de nuestros alumnos también sabemos, cuando nos toca sentarnos frente a alguien más, lo difícil que es mantenerla durante toda una sesión. Esa experiencia debería servirnos menos para juzgar a nuestros compañeros y más para recordar que pedir atención es fácil; conseguir que una persona quiera prestar atención durante un largo periodo es otra historia.
Psicología Para Docentes
destacados