08/06/2025
Un domingo me di cuenta que pensaba como pobre
Así empezó todo
Era domingo. El día oficial de la flojera y la introspección forzada.
Yo, en pants, tirado viendo Netflix, mentalizado para otra semana de trabajo godín.
Entre serie y serie, me vino una pregunta a la cabeza como cachetada sin manos:
“¿Qué estará haciendo un rico hoy domingo?”
Y no lo digo por envidia. Lo digo por curiosidad.
Porque yo ahí, viendo mi cuenta con $246.15 pesos y pensando si me alcanzaba para el lunch de la semana, mientras soñaba con la libertad financiera.
Y pum… otra pregunta más brutal:
“¿Por qué no estoy teniendo los resultados que quiero?”
La mentalidad que no sabía que tenía
Me di cuenta que por más que digo que quiero ser rico, pienso como pobre.
No sé cómo invierten los ricos.
No sé cómo gastan.
No sé qué leen.
No sé a quién siguen.
Y, peor tantito, no conozco a ningún rico.
Todo mi entorno es como yo:
• Gente que trabaja y espera la quincena.
• Gente que vive al día.
• Gente que se ríe cuando alguien dice que quiere ser millonario.
Y cuando yo empiezo a hablar de mejorar, de emprender, de invertir, me tiran carrilla:
—¡Ash, el nuevo rico!
—¡Ya cállate Robert Kiyosaki!
—¡Mejor bájale al azúcar, Warren Buffet!
Y entre risa y risa, yo me empiezo a achicar.
El punto de quiebre
Ese domingo entendí algo que nadie me había dicho con claridad:
“Si te juntas con cinco pobres, tú serás el sexto.”
No por mal plan. No porque sean malas personas.
Sino porque todo se contagia: las conversaciones, las prioridades, los hábitos.
Yo quiero aprender a pensar como rico…
pero me la paso rodeado de gente que piensa que el éxito ajeno es broma.
Y así, está difícil.
Esto aprendí
• No puedes cambiar tu vida sin cambiar tu entorno.
• Pensar como pobre no es insulto, es un aviso.
• Si no tienes a alguien a quien admirar de cerca, búscalo lejos (libros, videos, podcast).
• Las burlas dicen más de ellos que de ti.
• No estás solo, solo estás mal acompañado.
• No necesitas un mentor millonario… pero sí necesitas dejar de ser el más ambicioso de tu grupo.
• Para pensar distinto, hay que juntarse con los que ya lo hacen.
El final que no esperabas
Ese domingo no me hice rico.
Ni renuncié.
Ni encontré un gurú.
Pero me cayó el veinte.
Y eso, para mí, fue más valioso que el maratón de series.
Desde entonces, empecé a cuidar lo que escucho.
Lo que consumo.
Lo que pienso.
Y poco a poco… con quién hablo.
Porque si quiero tener resultados distintos…
tengo que dejar de actuar como el pobre que Netflix entrenó para sobrevivir.