16/06/2026
En 1903, en la ciudad de Chihuahua, había exactamente dos automóviles. Uno pertenecía al entonces gobernador del estado, Miguel Ahumada, y el otro al empresario Mauricio Calderón. En algún momento ambos vehículos coincidieron circulando por las calles y terminaron chocando entre sí, protagonizando así el que suele considerarse el primer accidente automovilístico registrado en México. La probabilidad estadística de que los dos únicos automóviles de una ciudad entera se encontraran en el mismo punto del mismo espacio al mismo tiempo era ridículamente baja. Lo lograron de todas formas. No había legislación de tránsito porque no había tránsito. No había señales de tráfico porque no había tráfico que señalar. No había reglamento de velocidad porque nadie había calculado que dos máquinas que no superaban los quince kilómetros por hora en terreno plano fueran a necesitar uno.
El gobernador y el empresario, los dos hombres más modernos de Chihuahua, chocaron sus modernidades en una calle polvorosa de la capital norteña. El incidente no fue grave, ya que los automóviles de la época eran relativamente lentos y el tráfico era inexistente, pero la anécdota se hizo rápidamente famosa gracias a que se pudo capturar una fotografía histórica del accidente. Alguien, en algún lugar de Chihuahua ese día, tuvo la presencia de ánimo de buscar una cámara mientras el gobernador y el empresario salían de sus respectivos vehículos a examinar los daños. Esa fotografía existe y es la prueba de que la humanidad lleva más de cien años siendo igual de descuidada al volante independientemente de cuántos vehículos haya en la calle.
Hoy México tiene más de cincuenta millones de vehículos registrados. Los accidentes ya no son noticia. El primero, con dos carros en toda una ciudad, sí lo fue.