25/08/2026
Confundir dar una opinión con tomar una decisión
El día que 5 socios tuvieron 8 ideas... y terminaron culpando al director
Imagina esta escena:
Es sábado por la mañana. En la junta de la empresa familiar, uno de los hermanos socios lanza una sugerencia:
“¿Y si compramos otra máquina para producir el doble?”
Todos asienten. La idea suena lógica, sensata y brillante.
Seis meses después, en la misma mesa de café, surge el reclamo:
“Es que el director no quiere ejecutar las cosas. Le dimos la idea hace meses y no ha hecho nada.”
¿Te suena familiar?
Un socio director me compartió esta problemática.
Este es uno de los dolores más comunes en las empresas familiares: confundir dar una opinión con tomar una decisión.
El problema no es que el director no quiera trabajar. El problema es lo que pasó en el camino:
1. La IDEA: "Deberíamos comprar otra máquina." (Cualquiera la puede tener en 30 segundos).
2. El PROYECTO: "¿Cuánto cuesta?, ¿cuánto va a generar?, ¿cuánta gente necesitamos contratar?, ¿en cuánto tiempo se paga?" (Aquí hay que arrastrar el lápiz).
3. La DECISIÓN: "Analizamos los números, priorizamos y ponemos a competir varias inversiones y finalmente, autorizamos." (Recién aquí hay un compromiso formal).
4. El RESULTADO: La máquina produciendo y generando valor.
En la mayoría de las pymes, nos saltamos del paso 1 al paso 3 sin hacer el paso 2. El socio lanza la idea, asume que ya fue aprobada y le tira la pelota al director, quien además tiene que operar el negocio todos los días.
Moraleja para la empresa familiar:
Las ideas son bienvenidas y valiosas, pero no se aprueban solo ideas; se aprueban proyectos.
Si queremos que las cosas pasen, no pidamos menos ideas, aprendamos a transformarlas en proyectos antes de juzgar la ejecución.