30/04/2015
La niñez ¿temporal o para siempre?
¿Cómo vive el niño ese proceso doloroso de ir de la fantasía a la realidad?, ¿Cómo cumple el padre esa función de representar esa realidad?
Para dar respuesta a estas interrogantes vayamos a las primeras etapas del desarrollo humano. De los 0 a los 5 años aproximadamente, el niño se rige por el pensamiento primario, es decir, es concreto. Las cosas son y se ven, se tocan, están o no están, así de simple y llano, no existe ninguna abstracción en su pensamiento. Para los niños en esta etapa, no hay deducciones ni supuestos, aquí resulta muy ilustrativo el caso de una niña de 4 años que cuando ya no vio a su abuelo, preguntó: ¿dónde está? Al responderle: “tu abuelo murió”, ella contestó: “Si, pero ¿dónde está? Esta vez le respondieron: “Está en el cielo” y ella insistió de nuevo: “Si, pero ¿cuándo viene?
La muerte es el hecho real al que más nos resistimos a aceptar, asumir esa falta implica un duelo. Al final de esta etapa del desarrollo del niño, iniciará gradualmente la instalación del proceso secundario del pensamiento, razón por la cual inicia el proceso de aprendizaje, y el interés por el conocimiento. Será todo un arte de los padres llevar al niño de manera afectiva y bien acompañado para enfrentar esos desencantos y desilusiones que implica la realidad.
Pronto el niño entenderá que las personas mueren, no vuelven, que los regalos no los trae Santa Claus, sino sus papás y con mucho esfuerzo, que los ratones no pagan los dientes porque ni los necesitan ni tienen dinero para pagarlos. Más adelante el niño pasa a aspectos más abstractos como que su papá ni es tan fuerte ni inteligente como él creía, que su mamá no es tan bonita pero la quiere, que en el mundo hay personas ricas, pobres, buenas y malas.
Pero ¿por qué el niño debe iniciar alrededor de los 6 años la salida progresiva de ese mundo fantástico y mágico?
Por la simple y poderosa razón de que ese niño, más temprano que tarde, deberá asumirse adulto. La tardanza en los procesos del desarrollo se convierte en desadaptación y patologías.
Un hecho real y contundente es que un padre no puede llevar a un niño a la adultez si él mismo no ha llegado. Como padres, regalemos a nuestros niños la fuerza y la seguridad para enfrentar la realidad con todas sus incertidumbres.