Los Pollitos papelería

Los Pollitos papelería Los Pollitos papelería te atiende hasta las 11 de la noche entre semana y los domingos de 4 a 10 pm

No te preocupes, aquí te atendemos hasta tarde para que tus hijos lleven todo a la escuela.   a unos pasos del Parque Ja...
05/09/2025

No te preocupes, aquí te atendemos hasta tarde para que tus hijos lleven todo a la escuela.
a unos pasos del Parque Jardín Guadalupe

Así de felices se ven las mamás después de comprar las listas de útiles de sus hijos en Papelería Los Pollitos.
03/09/2025

Así de felices se ven las mamás después de comprar las listas de útiles de sus hijos en Papelería Los Pollitos.

Mami recuerda que en Papelería Los Pollitos surtimos la lista de útiles de tus peques. Tenemos calidad, variedad y preci...
01/09/2025

Mami recuerda que en Papelería Los Pollitos surtimos la lista de útiles de tus peques. Tenemos calidad, variedad y precio.
13 oriente 310 a unos pasos del Parque Jardín Guadalupe

Empiezan las clases y aquí te dejamos unas recomendaciones para mamis y papis.Recuerden que estamos en   a media cuadra ...
01/09/2025

Empiezan las clases y aquí te dejamos unas recomendaciones para mamis y papis.
Recuerden que estamos en a media cuadra del Parque Jardín Guadalupe

La escuela te recibe hoy. Te deseamos lo mejor y recuerda que Papelería Los Pollitos está contigo
01/09/2025

La escuela te recibe hoy. Te deseamos lo mejor y recuerda que Papelería Los Pollitos está contigo

Recuerda que tenemos un amplio horario de atención.  Cerramos hasta las 9:30 pm incluso sábados y domingos. Estamos en  ...
29/08/2025

Recuerda que tenemos un amplio horario de atención. Cerramos hasta las 9:30 pm incluso sábados y domingos.
Estamos en a media cuadra del Parque Jardín Guadalupe

Pronto los peques volverán a la escuela y queremos compartirles esta reflexión e invitarles a compartir la bondad.Cuando...
29/08/2025

Pronto los peques volverán a la escuela y queremos compartirles esta reflexión e invitarles a compartir la bondad.

Cuando tenía 13 años, éramos tan pobres, que me daba vergüenza ir a la escuela. Evitaba mirar a mis compañeros, porque nunca llevaba comida. En los recreos, al ver cómo mis compañeros sacaban su almuerzo, yo me daba la vuelta para que nadie viera ni oyera cómo me rugía el estómago. Ellos sacaban sus bocadillos, manzanas, galletas. Y en mis manos no había más que aire y una sensación de humillación que me hacía querer que me tragara la tierra. Siempre fingía que simplemente no tenía hambre, que estaba demasiado ocupado con un libro o con las conversaciones. Pero por dentro era muy duro. A veces, hasta dolía...
Y todo eso podría haberse quedado solo como mi secreto de infancia, si no fuera por una niña. Un día me tendió un trozo de su bocadillo — y en ese momento entendí lo que es la verdadera bondad. El primer día simplemente se me acercó y, en silencio, me ofreció la mitad de su almuerzo. No sabía qué decir. Me dio vergüenza, pero lo acepté.
Desde ese día compartía comida conmigo todos los días. A veces era un panecillo, a veces una manzana, a veces un trocito de pastel que horneaba su madre. Yo comía despacio, intentando alargar aquel milagro, y por primera vez en mucho tiempo sentía que a alguien le importaba. No recuerdo si le di las gracias en voz alta. Creo que sí. Pero por dentro le daba las gracias cada día.
Y luego nos fuimos de vacaciones, y después de eso ella ya no estaba en nuestra clase. Simplemente dejó de ir a la escuela. El profesor dijo después que su familia se había mudado a otra ciudad, y no la volví a ver nunca más.
Entonces me sentí tan mal, como si me hubieran quitado algo importante. Cada vez que en clase sonaba la campana del almuerzo, me volvía automáticamente — por si acaso entraba, se sentaba a mi lado, volvía a poner delante de mí la mitad de su bocadillo y sonreía. Pero ella no estaba.
Me sentía triste y solo. Entendía que ella fue la única que se dio cuenta de mi problema, la única que no miró hacia otro lado. Nadie más me ofrecía comida, nadie decía: «Toma, esto es para ti». Y yo me había acostumbrado tanto a su gesto pequeño, pero tan importante.
A veces cerraba los ojos y veía su rostro — bondadoso, sencillo, con esa sonrisa que te calienta por dentro. Y llevé ese sentimiento conmigo toda la infancia. Incluso cuando el dolor se fue calmando un poco, recordaba: una niña una vez me regaló no solo pan, sino la sensación de que no era invisible, de que le importaba a alguien.
Pensé que aquel recuerdo quedaría solo como una sombra de mi pasado difícil. Pero 25 años después volvió a mi vida de una manera que me puso la piel de gallina.
Ayer mi hija pequeña volvió de la escuela. Colocaba los cuadernos sobre la mesa, luego sacó su fiambrera y, al cerrarla, dijo de pronto, como si nada:
— Papá, ¿puedes ponerme dos bocadillos mañana?
— ¿Dos? — me sorprendí. — Si nunca te terminas ni uno.
Me miró con seriedad, nada infantil:
— Es para poder compartir otra vez mañana. En nuestra clase hay un niño… dijo que hoy no había comido nada y le di la mitad de mi bocadillo.
Me quedé inmóvil. Me pareció que el tiempo se detenía por un segundo. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Vi delante de mí no solo a mi hija, sino también a aquella niña de mi infancia. La que alguna vez me salvó del hambre. En su gesto sentí esa misma continuidad — como si la bondad no hubiera desaparecido, sino que hubiera seguido su camino, a través de los años, a través de las generaciones.
Y entonces entendí: quizá nunca vuelva a encontrar a aquella niña. Puede que ni siquiera se acuerde de mí. Pero su bondad no se desvaneció — siguió su camino. Se quedó viviendo en mí. Y ahora — en mi hija.
Salí al balcón y me quedé mirando el cielo durante mucho rato. Tenía ganas de llorar. Porque por dentro estaba todo a la vez — los recuerdos de una infancia difícil, la gratitud, el dolor y una especie de alegría tranquila. Recordé mis tardes de escuela, cuando me acostaba con hambre y pensaba que el mundo era injusto. Y entendí que aquella niña, con su gesto sencillo, cambió mi vida. Me enseñó a creer que, incluso cuando lo estás pasando mal, siempre habrá alguien que te tienda la mano.
No sé dónde está ahora. Quizá tenga familia, hijos. Quizá ni siquiera recuerde al chico al que alguna vez le ofrecía la mitad de su bocadillo. Pero yo sí me acuerdo. Y lo recordaré mientras viva.
Y lo sé con certeza: mientras mi hija comparta pan con otro niño, la bondad seguirá viva. En cada pequeño trozo de pan, en cada pequeño gesto que calienta el corazón de otro. Y de solo pensarlo se me encoge el corazón… y por primera vez en muchos años me dieron ganas de llorar.

A los consentidores, a los cómplices incondicionales, a los de abrazos eternos. Gracias por todo su amor.    felicidades
28/08/2025

A los consentidores, a los cómplices incondicionales, a los de abrazos eternos. Gracias por todo su amor.
felicidades

Estamos muy agradecidos por cada una de sus compras.Los atendemos en 13 oriente a media cuadra del Parque Jardín Guadalu...
27/08/2025

Estamos muy agradecidos por cada una de sus compras.
Los atendemos en 13 oriente a media cuadra del Parque Jardín Guadalupe

Los maestros ya saben dónde comprar su material didáctico para el regreso a clases. Papelería Los Pollitos está en    a ...
23/08/2025

Los maestros ya saben dónde comprar su material didáctico para el regreso a clases.
Papelería Los Pollitos está en a media cuadra del Parque Jardín Guadalupe.

Falta poco para el regreso a clases. Recuerda que en Papelería Los Pollitos tenemos todo para surtir tu
22/08/2025

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