18/05/2026
La vida contemporánea nos ha acostumbrado a una extraña forma de ausencia.
Estamos en todas partes y casi nunca donde realmente estamos.
Leemos mientras pensamos en otra cosa.
Escuchamos sin escuchar del todo.
Habitamos los días como quien atraviesa un sitio de paso.
Y sin embargo, hay instantes mínimos que interrumpen esa dispersión.
La mano que escribe lentamente sobre una página.
La luz de la tarde entrando por la ventana.
El silencio breve que aparece antes de continuar.
No porque resuelvan nada. Sino porque nos devuelven a nosotros mismos.
He llegado a pensar que una parte importante del sufrimiento contemporáneo no proviene solamente del dolor, sino de esta incapacidad de permanecer verdaderamente en la propia vida.
De ahí que el pensamiento profundo no siempre nazca de grandes teorías.
Con frecuencia comienza de una manera mucho más humilde: prestando atención. 🦋💜