30/10/2024
Cristo es como la luz del sol.
Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza.
Hebreos 1:3
Jesús se relaciona con Dios del mismo modo que el resplandor se relaciona con la gloria, o del modo que los rayos de luz solar se relacionan con el sol.
Recuerde que todas las analogías entre Dios y la naturaleza son imperfectas y que pueden generar distorsiones si se las lleva muy lejos.
No obstante, podemos considerar algunos paralelismos:
No hay momento en que el sol no emita rayos de luz.
No se pueden separar uno del otro.
El resplandor es eterno junto con la gloria.
Cristo es eterno junto con Dios el Padre.
El resplandor es la irradiación de la gloria.
No es en esencia distinto de la gloria.
Cristo es Dios en una posición separada pero no esencialmente distinta del Padre.
Por ello, el resplandor es engendrado eternamente, por así decirlo, por la gloria; no es creado ni hecho.
Si usted expone a la luz del sol una calculadora que se activa con energía solar, aparecen números en la pantalla digital.
Podría decirse que estos números son creados o hechos por el sol, pero no son lo mismo que el sol.
Contrariamente, los rayos del sol son una extensión del sol.
Cristo es eternamente engendrado del Padre, no hecho ni creado por él.
Percibimos el sol mediante la visión de los rayos del sol.
Del mismo modo, vemos a Dios el Padre al ver a Cristo.
Los rayos del sol llegan aquí unos ocho segundos después de que parten desde el sol, y la esfera de fuego que vemos en el cielo es la imagen, es decir, la representación exacta, del sol; no porque sea una pintura del sol, sino porque el sol está irradiando su resplandor.
Por eso, lo animo a confiar en esta gran Persona, a amarlo y a adorarlo.
Él está vivo, está sentado a la diestra de Dios con todo poder y autoridad, y un día vendrá en gran gloria.
Él tiene esa posición de exaltación porque él mismo es Dios el Hijo.
Salmos 8
La gloria del Señor y la dignidad del hombre
Salmo de David.
¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra,
Que has desplegado Tu gloria sobre los cielos!
2 Por boca de los infantes y de los niños de pecho has establecido Tu fortaleza,
Por causa de Tus adversarios,
Para hacer cesar al enemigo y al vengativo.
3 Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú has establecido,
4 Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
Y el hijo del hombre para que lo cuides?
5 ¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles,
Y lo coronas de gloria y majestad!
6 Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos;
Todo lo has puesto bajo sus pies:
7 Todas las ovejas y los bueyes,
Y también las bestias del campo,
8 Las aves de los cielos y los peces del mar,
Cuanto atraviesa las sendas de los mares.
9 ¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra!
Ama. Como Él te ama.!