18/09/2025
Con profunda indignación y tristeza, quiero manifestar mi decepción ante el proceder durante el reciente movimiento. Lo que en un principio se presentó como una lucha legítima por el respeto y la dignidad de los espacios, terminó siendo una muestra de abuso, irresponsabilidad y contradicción.
Durante el desarrollo de dicho movimiento, se sustrajeron herramientas y materiales de los talleres, se forzaron cerraduras de puertas y gavetas, y se utilizaron máquinas con fines personales, dejándolas sucias y, en algunos casos, en mal estado. Estos actos no solo vulneran la integridad de los espacios compartidos, sino que contradicen frontalmente el pliego petitorio que exigía respeto hacia su causa y condiciones dignas para todos.
¿Cómo pueden exigir respeto quienes no lo practican?
¿Cómo pueden pedir espacios dignos si los dejaron deteriorados?
¿Dónde queda el derecho de quienes usan y cuidan estos espacios con responsabilidad? ¿Dónde queda la justicia para quienes ahora deben reparar lo que otros destruyeron?
Este tipo de impunidad no solo deslegitima el movimiento, sino que siembra un precedente peligroso: que se puede exigir sin cumplir, que se puede dañar sin responder, que se puede abusar de una causa noble sin consecuencias.
Hoy, más que nunca, es necesario alzar la voz y lo hago por este medio. No para silenciar la protesta, sino para exigir coherencia, responsabilidad y respeto verdadero. Porque los espacios dignos no se construyen con discursos, sino con acciones.