03/08/2026
Lunes de platicar!!!
Porque maternar y trabajar no significa dividir el corazón. Significa aprender, cada día, a hacerlo crecer.
Vivimos en una sociedad que constantemente nos exige estar al 100% en todo.
Ser una gran mamá.
Ser una profesionista exitosa.
Liderar equipos.
Emprender.
Estar presente.
No fallar.
Y, además, sonreír como si fuera fácil.
La realidad es que no siempre se puede.
Hay días en los que el trabajo necesita más de nosotros. Otros en los que nuestros hijos necesitan toda nuestra atención. Y también existen esos días en los que simplemente necesitamos respirar, hacer una pausa y recordar que también somos personas.
Con el tiempo entendí que el equilibrio no consiste en dar el 100% a todo al mismo tiempo.
Consiste en dar lo mejor de nosotros donde más nos necesitan en ese momento, sin vivir con culpa por no poder multiplicarnos.
Trabajar no me hace menos mamá.
Y ser mamá no me hace menos profesional.
Al contrario, una parte fortalece a la otra. La maternidad me ha enseñado empatía, resiliencia, paciencia y a valorar el tiempo como nunca antes. Mi trabajo me ha enseñado a perseguir mis sueños, a crecer y a mostrarle a mi hija que una mujer también puede construir el futuro que imagina.
Ojalá dejemos de medirnos por todo lo que creemos que nos falta hacer.
Y empecemos a reconocer todo lo que ya estamos logrando cada día.
Porque al final, nuestros hijos no necesitan madres perfectas.
Necesitan madres presentes, valientes, felices y capaces de enseñarles, con el ejemplo, que también es válido soñar en grande.
¿Qué opinas? ¿Crees que como sociedad seguimos esperando que las mamás estén al 100% en todo?