26/08/2024
"Ojalá no existiera la violencia!"
-Lloriqueaba el debilucho, mientras otros hombres salvajes se quedaban con las mejores cosas abriéndose paso con su feroz competitividad.
"Las mujeres no me hacen caso, el dinero no me llega, no hay oportunidades, ¡Alguien debería hacer algo! La ley debería amparar a los hombres que son buenos como yo, deberían facilitarme las cosas por ser bueno, las mujeres deberían hacerme caso por ser bueno, la vida debería sonreírme porque soy vegano, y porque estudié una carrera humanista y debo ser recompensado por ser empático y pensar en los demás!"
Le ruegan a la vida, elevan plegarias a los astros sin entender que nadie los escucha. Para esos débiles, todo lo malo que les pasa siempre es culpa de alguien, jamás de ellos:
"El sistema me consume! Ojalá no existiera el trabajo, ojalá y los ricos se apiadaran de mi, ojalá que las mujeres me voltearan a ver por lo listo que soy y se acostaran conmigo porque finjo entender sus problemas!"
El tipo rudo no lo sabe, el salvaje competitivo, el que se despierta a diario pensando en dar un paso a la vez sin pensar en su pobreza más que para enfurecerse por no poder avanzar más rápido, es el tipo que avanza con pasos minúsculos, pero certeros.
Es el que se compromete, el que cumple, el que resuelve.
Es el que no se alía con perdedores para darse palmadas en la espalda: "¿Verdad que si estamos bien jodidos y que eso es culpa de algún ricachón que procura mi desgracia pagándome una miseria?"
Es el que tiene una idea, una corazonada que de a poco se convierte en un plano técnico, en una visualización tan detallada que podría tocarla. Es el que sabe lo que quiere e insiste en llegar ahí.
El hombre que sabe que su tiempo de vida es limitado y buscará dejar el mundo mejor de como lo encontró, por eso, esos hombres tienen hijos y los tendrán porque el sabe que trabajar y producir es parte de su obligación trascendental, es sembrar árboles cuyos frutos jamás comerá.
Por eso, el debilucho se afana en justificar su cobardía: "No, yo no tengo hijos ni los tendré hasta sentirme preparado, hasta que pueda darles lo que merecen y no sufran" ¿Quién podría cuestionar esa excusa tan cobarde?
El tipo rudo tiene hijos sabiendo que hará todo lo que esté a su alcance para que vivan mejor, pero sabiendo que no podrá alejarlos de la carencia, o del miedo o del sufrimiento normal que le ayudó a él a entender un poco el mundo en el que vive.
Si, este mundo es violento, es cruel, castiga duramente al haragán, al indolente y al que siembra aviesas intenciones de saltarse reglas para vivir mejor sin haber creado, sin haber producido y sin haberse esforzado.
Pero no siempre es justo.
Por tu camino de vida, verás desfilar un montón de tramposos que han llegado a su cima posándose de manera ventajosa encima de los hombros de otros para triunfar. Si te detienes a señalarlos, perderás tiempo valioso en tus propios objetivos, deja que la entropía se haga cargo de él y que otros de verdad capaces u otros más salvajes lo derroquen.
Porque la vida es dura, impersonal, no tiene favoritos, no le importa quien pierda o quién gane.
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