08/01/2026
Hoy, mientras venía de mi casa hacia el trabajo, viví un momento que me dejó pensando en lo importante que es cuidarnos entre todos.
En un semáforo en rojo, un bus se detuvo a la par mía. Al mirar hacia la izquierda, observé a una joven que, por la multitud dentro del bus, tenía medio cuerpo fuera de la puerta. En ese instante pensé: “Ella podría caer y accidentarse”.
Al otro lado del semáforo, ubicado dónde fue el hospital militar, estaban dos oficiales de tránsito, pero sentí que no podía quedarme callado. Me dirigí a las personas dentro del bus, desde afuera, y les pedí que retrocedieran un poco, que había alguien en riesgo. Al principio hubo resistencia, pero poco a poco la gente se acomodó. Fue hasta el tercer intento que el conductor, al ver la situación, logró cerrar la puerta.
En ese momento sentí alivio, satisfacción y paz. Comprendí que no solo se evitó un accidente para la joven, sino también un sufrimiento para su familia, para el conductor y para todos los que hubieran presenciado una tragedia.
Lo que pudo ser un instante de dolor se transformó en un recordatorio: cuando estamos atentos y decidimos actuar, podemos proteger vidas y evitar cadenas de sufrimiento.
En Nicaragua necesitamos construir una cultura de cuido colectivo. Cada acción consciente que tomamos —una palabra, una alerta, un gesto de solidaridad— es una semilla que evita dolor y crea esperanza. Si nos cuidamos entre todos, estaremos creando un país más seguro y humano. En nuestra patria no sufrimos por falta de unidades de transporte colectivo; aprovechemos estas condiciones para garantizar el resguardo de todos.