01/05/2026
Mi abuelita Dorila; hoy, 1ero de mayo sería su cumpleaños.
Su nombre, Dorila Boutet Guerra de Armuelles (1912 - 2012), Boquete, Chiriquí.
Siempre pensé que mi abuelita irradiaba elegancia sencilla, una calma envolvente y una presencia difícil de explicar. No era la típica abuela de cocinar o consentir con excesos; su amor era enseñarnos con el ejemplo, con disciplina, cultura, orden y mucha serenidad.
Como buena profesora, siempre me incentivaba a leer, estudiar, analizar noticias (y no ver novelas), dejar la cama bien hecha, despertar temprano y acostarme temprano también (aunque confieso que esto último no lo apliqué tan bien).
Me decía: "Marie, cuando estés molesta cuenta hasta diez antes de hablar". Y ahora entiendo que me estaba enseñando la gestión emocional que hoy le enseño a mis estudiantes.
La fama de su vocación fue impresionante, nunca faltó al trabajo; incluso al nacimiento de sus hijos; primero daba clases y luego a “lo propio”.
Esa disciplina no era dureza; para mi representaba honor y compromiso.
Como profesora y subdirectora hasta pasados sus 80 años, dejó una huella profunda en generaciones de estudiantes que seguían visitándola con cariño y respeto.
Crió a hijos de buen carácter, cercanos, hermanos que nunca peleaban; educando con firmeza, amor tranquilo y coherencia. Su autoridad venía de su paz, de su inteligencia y de su forma de vivir.
Mi regla favorita; que la llamaramos “abuelita”, nunca “abuela”, porque así era más lindo y tierno. Hoy entiendo que Dorila fue eso; una abuelita firme, elegante, culta y profundamente amorosa a su manera. Una mujer que enseñó hasta el final, incluso sin proponérselo.
Hoy recuerdo con gratitud su forma tranquila de mirar la vida, su disciplina sin ruido y esa manera tan suya de educar con amor, sin dejar de exigir lo mejor de cada persona.
Hoy, recuerdo su día de nacimiento, la honro como ella hubiera querido: con la cama hecha, la mente despierta, el corazón sereno… Y contando hasta diez cuando haga falta.