19/03/2024
La naturaleza tiene tanto que enseñarnos. Por ejemplo, las mariposas. De ser unos huevos, alimentos de otros animales e insectos, cuando comienzan su vida andan por el mundo al raz del suelo. Tiernas, lentas, gordas, y hasta torpes. Encantadoras larvas de vida apacible. No pasa nada extraordinario en la vida de una oruga. Camina lo poco que logra a la velocidad que lo hace, se alimenta de las hojas que encuentra en el suelo, se entierra para protegerse y duerme en la obscura seguridad que le proporciona mediocremente ese escondite. Yo creo que debe rezar mientras duerme, pidiendo que alguna ave no se le ocurra escarbar justo donde eligió descansar justo ese día. No es sino hasta que esta larva decide colgarse boca abajo de su crisálida, que comienza un proceso de evolución y crecimiento interior y que luego se manifiesta afuera. Este es el momento en el que comienza a creer en sí misma. Cuando las veo en este proceso, intento pensar en lo mismo que pensarán ellas, y pienso que tal vez se dirán a sí mismas que nacieron para algo más grande y espectacular, que se preguntan cuál es su propósito y se plantean metas, cuando lo hacen es que comienzan a vivir. Es cuando descubren qué es lo que realmente quieren hacer, y terminan su proceso de transformación rompiendo la pupa, entrenan su fuerza, pelean por su vida. Se ven así mismas volando alto. Entonces sacan sus alas, las abren grandes, jamás se vieron alas con mayor envergadura en ningún otro animal. Dan un salto y vuelan hacia sus sueños.
"Las historias de éxito comienzan cuando decides cambiar y hacer que sucedan".
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