06/07/2026
A las maestras de Arequipa:
Mujeres que llevan en el pecho el mismo orgullo que el Misti en su cima, y en las manos la fuerza para sembrar futuro en cada rincón de nuestra tierra.
Llegaron hasta los pueblos altos de la sierra arequipeña, donde el viento helado recorre los andes pero no enfría su corazón; recorrieron los valles fértiles del Chili, cruzaron quebradas y caminos de piedra para llegar a las aulas más lejanas; estuvieron también en los barrios de la ciudad, bajo el sol que calienta nuestras calles, solo para decirles a nuestros niños: "Tú perteneces a esta tierra, y ella espera todo lo bueno que puedes dar".
No solo enseñan letras y números. Enseñan a amar nuestra identidad, el respeto a nuestras raíces, el valor de la constancia que nos caracteriza como arequipeños. Limpian lágrimas cuando la carga pesa en casa, dan un abrazo cuando hace falta, comparten su almuerzo si el estómago ruge, y son el refugio seguro donde nuestros hijos saben que siempre serán escuchados. Son madres, guías, compañeras y la luz que nunca se apaga en nuestras escuelas.
Cada paso que dan, cada lección que comparten, construye una Arequipa más grande, más justa y más nuestra. Su labor no siempre tiene grandes aplausos, pero es la que sostiene el alma de nuestra ciudad: porque cambian vidas, y esas vidas harán de Arequipa un lugar mejor para todos.
Gracias por resistir como nuestras montañas, por creer en cada uno de nuestros niños incluso cuando ellos mismos dudan. Gracias por ser el corazón que late en cada aula, en cada pueblo y en cada rincón de nuestra querida Arequipa.