27/02/2018
En 1995 dos jóvenes se unieron para empezar un negocio textil. Eran socios y se habían comprometido a ir en partes iguales. Ambos se conocieron y forjaron amistad mientras trabajan en una gran corporación. Allí, siendo empleados y hablando de esto y de aquello, surge la idea de emprender. Tenían el sueño de hacer empresa. Querían ser hombres libres, independientes. En palabras de uno de ellos, "la vida se ha hecho para vivirla y no para andar agachando la cabeza ante un jefe", así que con esa actitud se lanzaron al ruedo.
Una vez empezaron tuvieron ocasión de hacer contacto con un empresario que promete darles la oportunidad soñada. Con el paso de las semanas, ese empresario exportador de textiles se convirtió en su gran cliente: el cliente del cual provenía el 80% de sus ingresos. El cliente estrella.
Entregaban pedidos y a los dos días cobraban. Así funcionaba todo. Los pedidos eran cada vez más grandes, y los pagos también. Sin embargo, no todo es color rosa. Para empezar, en un acto de completa ingenuidad, propia de los principiantes, no advirtieron los peligros de la dependencia.
Un día el cliente hace un pedido cinco veces más grande de lo habitual. Los jóvenes estaban alegres y se comprometieron en cumplir. ¿Cómo no van a cumplir con un cliente importante? Hicieron préstamos, contrataron a más trabajadores, y cumplieron. Ellos cumplieron, pero a ellos les fallaron.😨😨😨😱
Este empresario nunca les pagó. Vengan mañana, vengan pasado. Que la otra semana. Que el cliente todavía no deposita. Que hay un retraso pero el dinero llega en 15 días. Y así, corrían los días, las semanas, y los muchachos estaban, literalmente, asfixiándose. Ellos se habían endeudado para cumplir. Ellos debían pagar a sus trabajadores, debían a los bancos, debían a la familia. Por cumplir con ese cliente, es decir "por no perder el negocio", se endeudaron con todo aquel que se les cruzó en el camino. Total, era para invertir. Entablaron una denuncia pero como corresponde a esos casos, el asunto sigue su proceso y eso toma su toma tiempo hasta que las instancias resuelvan. En fin, ellos podían esperar, pero sus trabajadores no. Las tarjetas de crédito tampoco. Las deudas, no esperan.
Pero así son los negocios, sobre todo los negocios que hacen quienes carecen de expertos que conceden los años.
Y entonces, cuando las papas queman, allí se ve a los ganadores. 👈👈💪
Uno de los socios no soportó la presión de las circunstancias y abandonó el barco. Tal era su decepción, que incluso hasta la amistad de los jóvenes se vio perjudicada. Ambos repartieron las deudas, y emprendieron motor, cada uno por su lado. El joven más sensible decidió volver como empleado. Hoy día no quiere saber nada de los negocios. 🤨🤨🤨
En cambio, el otro muchacho es de otra estirpe. Tenía madera de empresario. No se amilanó.👏👏 Entendió que el asunto es cuestión de un simple bache y que pese a la herida de muerte, hay que seguir peleando. ¿Qué hizo? Empezó a tocar la puerta de sus clientes pequeños y de sus proveedores. Y hablaba con los dueños, con sus colegas empresarios y ellos veían en él a un muchacho con ganas de triunfar. Con ganas de recuperarse. Viendo ese ánimo, le tendían la mano. Y para pagar a sus trabajadores, el chico vendió su auto. Vendió su moto. Entendía que había que rescatar el negocio y que el asunto no tiene nada que ver con el dinero que uno puede perder producto de una estafa, sino con el sueño de sacar adelante el proyecto. Sacar adelante un negocio es como sacar adelante un hijo y, como tal, no se le puede abandonar en la peor de las circunstancias. O se lucha o se lucha, nunca se huye. Han pasado los meses, el año, el año y medio, los dos años y recién el muchacho ha saldado todos sus compromisos. Para inicios de 1998 era nuevamente un empresario sin deudas, con el tanque lleno de energía y con todo el aprendizaje de los errores cometidos. Ese chico a la edad de 28 años se ha recuperado, ha pasado pruebas de fuego para su pequeña economía, pero allí está, es un empresario. 💪💪💪
Por eso, en ocasiones hacer negocios es hacer malabares.
Para hacer negocios no hace falta "meter plata", como suelen decir los más corrientes de los comerciantes. Señores, no hay que "meter plata", hay que meter INGENIO. Dinero pone cualquiera, ingenio pocos. Y eso es lo que cuenta.
El empresario aparece cuando no hay ventas.
El empresario aparece cuando no hay clientes,
El empresario aparece cuando hay deudas,
El empresario aparece cuando hay que abrir nuevos territorios y estamos solos.
😉😉😉
Y eso requiere INGENIO, CARÁCTER, VISIÓN, LIDERAZGO.