23/08/2025
Hace dos semanas inicié mi proceso de terapia, que fue casi un acto de auxilio.
En estas primeras sesiones descubrí algo muy fuerte: en algún momento de mi vida aprendí a NO PARAR. Ni cuando estaba triste, ni cuando había problemas familiares, personales o laborales… siempre avanzar, siempre enfocarme en los objetivos, sin darme permiso de sentir.
Hoy entendí que eso tiene un costo.
Porque cuando uno no se detiene, las emociones no desaparecen: se quedan guardadas, esperando salir. Y parar también es necesario para sanar.
Los emprendedores y empresarios solemos creer que nunca detenernos es lo que nos llevará al éxito. Y sí, funciona… pero ¿hasta qué punto? ¿Hasta qué punto dejamos de escucharnos por mantenernos en movimiento?
Hoy quiero compartir esta reflexión porque detrás de los números, de los planes y de los negocios, también está la persona. Y cuidarnos debería ser siempre parte del camino.
Pame.