10/11/2025
👉👉 Mis papás nunca se llevaron bien. Desde niño lo entendí. Con mi mamá, la vida era orden, lujo, rutina. Con mi papá… era diferente. En casa de mi mamá teníamos de todo: la señora que cocinaba, el chofer, los treinta cereales en el refri.
Con mi papá no.
Su casa era más sencilla, más vacía… pero también más suya.
Y hubo un día que no se me olvida.
Tenía ocho años.
Mi papá tenía prohibido recogerme de la escuela.
Solo podían ir mi mamá, la nana o el chofer.
Pero ese día… fue él.
Llegó sin avisar.
Entró a la escuela y dijo:
“Vengo por mi hijo.”
Y como era Eugenio Derbez, seguro la maestra pensó: “Claro, señor, adelante.”
Y me entregaron.
Cuando me dijeron que mi papá había ido por mí, corrí.
No sabía nada del pleito, ni de las reglas, ni de la policía.
Solo sabía que ese día, mi papá estaba ahí.
Fuimos a comer a “El Lugar de la Mancha”, en Polanco.
Me acuerdo perfecto.
Platicamos, nos reímos, me contó chistes, me compró postre.
Y aunque le sonaban llamadas sin parar,
no contestaba.
Mientras tanto, mi mamá estaba desesperada.
Llamaba a la escuela, a la policía, a todos.
Yo solo era un niño feliz comiendo con su papá.
Cuando me regresó, mi mamá ya estaba abajo, fuera de sí.
Me vio, me dijo: “¡Súbete!”
Y se quedó hablando con él.
Nunca supe qué pasó.
Solo sé que nunca volvió a hacerlo.
De niño no entendí nada.
Pensaba: “¿Por qué está enojada mi mamá si solo fui a comer con mi papá?”
De grande entendí el otro lado.
El miedo, la angustia, el error.
Pero también entendí esto: ese día, mi papá no quiso romper reglas.
Solo quiso estar conmigo.
Y aunque fue un error… para mí, fue uno de los días más felices de mi vida.
💡 Basado en declaraciones reales de José Eduardo Derbez sobre su infancia y su relación con Eugenio Derbez. Adaptado con un estilo narrativo emocional para fines de reflexión y conciencia social.