17/06/2026
📝 Ensayo: El lenguaje político y sus efectos en la convivencia social
Introducción
En las últimas décadas, el debate político en el Perú —y en muchas partes del mundo— se ha deteriorado por el uso creciente de términos peyorativos para descalificar a quienes piensan distinto. Expresiones como “rojo”, “rojete”, “caviar”, “terruco” se han normalizado en ciertos sectores, especialmente desde posiciones de derecha autoritaria, generando un clima de hostilidad que afecta directamente la convivencia social.
Este ensayo reflexiona sobre las consecuencias de ese lenguaje y plantea la necesidad de construir un marco comunicativo neutral, respetuoso y simétrico, que permita el diálogo democrático sin estigmatización.
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1. El lenguaje como herramienta de convivencia o de violencia
El lenguaje político no es neutro. Las palabras pueden:
• construir puentes o levantar muros,
• abrir diálogo o cerrarlo,
• humanizar o deshumanizar.
Cuando un sector utiliza términos peyorativos para referirse a otro, no está debatiendo ideas: está descalificando identidades. Y cuando esa práctica se normaliza, la sociedad entra en un proceso de polarización emocional, donde ya no se discuten propuestas, sino etiquetas.
En cualquier territorio, donde la cohesión comunitaria es esencial para la vida colectiva, este tipo de lenguaje puede fracturar relaciones, afectar asambleas, dividir familias y debilitar procesos organizativos.
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2. La asimetría en el uso de insultos políticos
En el contexto peruano, existe una realidad que debe ser reconocida: ciertos sectores de derecha han utilizado con mayor frecuencia términos peyorativos para referirse a la izquierda, especialmente en momentos de tensión política.
Expresiones como:
• “rojo”,
• “rojete”,
• “caviar”,
• “terruco”,
se han usado para deslegitimar cualquier postura progresista, socialista, humanista o colectivista, sin distinguir matices ni corrientes ideológicas.
Esta práctica genera una asimetría simbólica: un sector insulta, mientras el otro es obligado a defenderse o a cargar con etiquetas que no le corresponden.
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3. La respuesta ética: no reproducir el mismo patrón
Frente a esta asimetría, podría surgir la tentación de responder con insultos equivalentes hacia la derecha. Sin embargo, esa reacción solo reproduce el mismo problema que se critica.
La respuesta ética y democrática es distinta:
• No usar insultos hacia ningún sector.
• Exigir que ningún sector use insultos hacia otros.
• Nombrar las conductas autoritarias con lenguaje técnico, no peyorativo.
Así, en lugar de caer en expresiones como “los negros de derecha”, que serían incorrectas y cargadas históricamente, corresponde hablar con precisión:
• derecha autoritaria
• derecha radical
• derecha iliberal
• derecha con prácticas fascistoides
• derecha con discurso de vendetta política
Estos términos describen comportamientos, no insultan identidades.
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4. Consecuencias sociales del lenguaje peyorativo
El uso de insultos políticos tiene efectos concretos en la convivencia:
a. Polarización comunitaria
Las etiquetas generan bandos irreconciliables, incluso dentro de una misma comunidad o familia.
b. Desconfianza institucional
Cuando el debate se llena de insultos, la ciudadanía pierde confianza en la política y en el Estado.
c. Estigmatización y miedo
Llamar “terruco” a quien piensa distinto es una forma de violencia simbólica que inhibe la participación ciudadana.
d. Ruptura del diálogo democrático
Sin respeto, no hay debate; sin debate, no hay democracia.
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5. Hacia un lenguaje político neutral y simétrico
Para reconstruir la convivencia social, es necesario adoptar un marco comunicativo basado en:
1. Respeto mutuo
Ningún sector debe ser insultado por sus ideas.
2. Precisión conceptual
Usar categorías reales:
• izquierda democrática
• derecha liberal
• progresismo
• conservadurismo
• colectivismo comunitario
• liberalismo económico
3. Simetría ética
Si rechazamos insultos hacia la izquierda, también rechazamos insultos hacia la derecha.
4. Responsabilidad comunitaria
En territorios amazónicos, donde la vida colectiva es fundamental, el lenguaje debe ser una herramienta de unión, no de división.
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Conclusión
El lenguaje político no es un detalle menor: es un instrumento de convivencia.
Cuando se usa para insultar, destruye; cuando se usa para dialogar, construye.
La comunidad necesita comprender que:
• las ideas se debaten,
• las personas se respetan,
• y la democracia se fortalece cuando el lenguaje es técnico, neutral y simétrico.
Superar el uso de términos peyorativos no es un gesto de debilidad, sino un acto de madurez democrática. Es el camino para reconstruir la confianza, fortalecer la convivencia y promover una ciudadanía más consciente y respetuosa.
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Econ. Angel E. Córdova Livia
Pangoa, 16-06-2026.