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¿POR QUÉ SE DEMORAN LOS RESULTADOS ELECTORALES EN EL PERÚ?Esa es una de las preguntas más repetidas en estos días. La re...
11/06/2026

¿POR QUÉ SE DEMORAN LOS RESULTADOS ELECTORALES EN EL PERÚ?

Esa es una de las preguntas más repetidas en estos días. La respuesta suele atribuirse a la burocracia, la ineficiencia o la dificultad geográfica del país. También se compara al Perú con otros países donde los electores conocen resultados la misma noche de la elección.

Pero la incertidumbre no proviene solo de la geografía, de la demora en la llegada de actas de zonas alejadas o del voto en el exterior. El problema principal es institucional: en el Perú usamos el cómputo oficial como principal fuente de información pública inmediata.

A diferencia de países como México, Colombia, Argentina, Chile o Panamá, el Perú -al igual que Venezuela- no cuenta con un sistema nacional de resultados preliminares, separado del cómputo legal, que capture y publique rápidamente la información de las actas desde los locales de votación.

En esos países, la ciudadanía recibe resultados preliminares la misma noche, aunque la proclamación oficial llegue después. Esa diferencia es decisiva. El resultado preliminar no reemplaza al escrutinio definitivo, pero reduce la incertidumbre, limita la especulación y permite que los actores políticos conozcan una tendencia verificable.

En el Perú, ese vacío informativo termina siendo ocupado por las empresas encuestadoras. En contextos de resultados ajustados, ello genera confusión, expectativas contradictorias y responsabilidades que, en otros países, son asumidas institucionalmente por los propios organismos electorales.

El punto, entonces, no es reemplazar el cómputo oficial. Es distinguir entre informar rápido y proclamar oficialmente. Mientras no exista esa separación, cada elección ajustada volverá a convertirse en una larga espera cargada de sospechas, ansiedad e incertidumbre.

¿QUÉ NOS ESPERA?: Nuevamente, no sabemos quién presidirá el país. La incertidumbre se repite y la tensión crece. Es la t...
08/06/2026

¿QUÉ NOS ESPERA?: Nuevamente, no sabemos quién presidirá el país. La incertidumbre se repite y la tensión crece. Es la tercera elección presidencial consecutiva con resultados ajustados. El peor escenario. Ha sido, además, la elección de más baja intensidad que se recuerda, pese al alto número de partidos y candidatos. Pero esto no es fortuito: es consecuencia de quienes ostentaron el poder en el gobierno y en Congreso. Fueron incapaces de combinar oposición con colaboración, y prefirieron la obstrucción y el negociado. En todo caso, se abren dos escenarios.

El escenario más probable. Si gana Roberto Sánchez, será el éxito de una estrategia personal y de un pragmatismo sin límite. Hay tantas caras como sombras. Por eso tendrá que arreglar pendientes dentro y fuera de casa. Juntos por el Perú, más que un partido -carece de aparato organizativo-, es un encuentro con facciones del castillismo, el antaurismo y aliados recientes. Ha dado espacio a todos según los necesitaba, pero en el gobierno deberá compatibilizar el equilibrio económico, el indulto a Pedro Castillo, al que más debe, y cómo contener a Antauro Humala, que no callará nada. La unidad de la izquierda siempre ha sido una quimera y esta vez no parece distinto. Al frente tendrá a una oposición obstruccionista. Para sobrevivir necesitará una coalición con Ahora Nación, Obras y evitar que el Partido del Buen Gobierno se sume a la oposición. Si reivindica al castillismo, pagará un costo alto: ese gobierno terminó ensuciado por clientelismo y corrupción. Si no gana, su bancada puede dividirse y él, sin haber ganado un escaño como diputado, perderá protagonismo.

El escenario menos probable. Si gana Keiko Fujimori, será producto de la perseverancia, de crear una organización partidaria que su padre no quiso y de aprovechar el fraccionamiento: mucho en escaños con poco en votos. Su llegada al gobierno completaría el poder que el fujimorismo ha construido desde el Congreso, donde se convirtió en la única fuerza política permanente del siglo. Con el apoyo de Renovación Popular tendría relaciones fluidas con el Parlamento. Pero esas condiciones favorables traen retos. El mayor es el embalse de promesas acumuladas en cuatro campañas, con intereses que representar y saldar. Compatibilizar crecimiento económico, orden público y respeto a instituciones y derechos humanos -su mayor déficit- puede ser la cuadratura del círculo. Si no cumple pronto, la calle se moverá, el antifujimorismo reaparecerá y su socio conservador cobrará caro. Difícil que pueda quedarse más allá del quinquenio: cambiar la Constitución sería casi imposible sin un apoyo social como el que tuvo su padre y del que ella carece. Si no gana, el fujimorismo, con la mayoría relativa en el parlamento, seguirá vigente.

Es decir, los candidatos que sumaron 29% en primera vuelta, verdadero apoyo, tendrán tareas duras en un entorno de desesperanza y desconfianza. Gane quien gane, la democracia podrá sobrevivir, pero más pálida.

¿ES NULO VICIAR?: “Difícilmente el debate habrá resuelto el problema de fondo: muchos ciudadanos no sienten que estén an...
01/06/2026

¿ES NULO VICIAR?: “Difícilmente el debate habrá resuelto el problema de fondo: muchos ciudadanos no sienten que estén ante dos proyectos convincentes, sino ante una decisión empujada por el miedo.

Keiko Fujimori y Roberto Sánchez llegan al 7 de junio con una legitimidad de origen estrecha. En primera vuelta sumaron alrededor del 29% de los votos válidos. Más de siete de cada diez electores eligieron otra alternativa. Ese dato no invalida la elección, pero obliga a mirar con cuidado la naturaleza del mandato que surgirá de ella. Quien gane tendrá legalidad, pero no necesariamente una mayoría política detrás.

La campaña ha buscado ordenar el escenario en torno al temor por el “mal mayor”. De un lado, se sostiene que votar por Keiko es cerrar el paso a una izquierda asociada al comunismo, al desgobierno, la improvisación y la sombra de Pedro Castillo. Del otro, se afirma que votar por Sánchez es impedir el retorno de un fujimorismo que carga con una historia autoritaria, una práctica de obstrucción política y una vocación de control institucional. Ambos argumentos tienen asidero. Pero reconocer los riesgos de una candidatura no obliga a absolver a la otra.

Por eso resulta discutible presentar el voto blanco o nulo como irresponsabilidad. Es una opción válida. No es abstención ni indiferencia. Es ir a votar y decir que ninguna de las dos alternativas merece respaldo. Se puede considerar que Keiko representa continuidad con una forma de poder que debilitó instituciones y protegió la corrupción. También se puede considerar que Sánchez no ofrece garantías suficientes de solvencia, autonomía y gobernabilidad, sobre todo por sus vínculos con el castillismo y Antauro Humala. Rechazar ambas posibilidades no es inmadurez política; puede ser una conclusión razonada.

Algunos partidos y líderes que quedaron fuera de carrera han optado por alinearse con una candidatura. Otros han decidido no apoyar a ninguna o incluso llamar al voto viciado. Esa diversidad confirma que no hay una única conducta democrática aceptable. Votar por uno para bloquear al otro es legítimo. Votar blanco o nulo también lo es. Lo que no resulta legítimo es colocar una superioridad moral sobre quienes no quieren ser incorporados por la fuerza a una polarización que no los representa.

Tampoco conviene sobredimensionar sus efectos. El voto blanco y nulo nunca ha anulado una elección presidencial en el Perú y el umbral legal es extremadamente alto. Su valor no está en producir una repetición electoral, sino en expresar un desacuerdo político. Es una señal sobre la crisis de representación y la pobreza de la oferta electoral.

La segunda vuelta decidirá quién gobernará. Pero no puede obligar a todos a fingir entusiasmo. En democracia, elegir entre dos opciones es un derecho. Negarse a respaldar a ambas, también”.

KEIKO, ENTRE EL VOTO Y EL RECHAZO: “Desde hace una década, los resultados electorales son ajustados y, lamentablemente, ...
25/05/2026

KEIKO, ENTRE EL VOTO Y EL RECHAZO: “Desde hace una década, los resultados electorales son ajustados y, lamentablemente, no siempre respetados. Pero, por más que se parezcan, nunca dos elecciones son iguales, aunque persistan patrones: Lima diferenciada del resto del país, las urbes frente al ámbito rural, entre otros.

Lo único permanente desde hace quince años es Keiko Fujimori, que ha hecho que la política y las elecciones se articulen alrededor de ella y del fujimorismo. El fujimorismo es la única corriente política permanente en el Congreso en lo que va del siglo y, hasta el 2031, habrá tenido la cuarta parte de todos los congresistas de todos los partidos en tres décadas. Es, además, el partido que, más allá de quienes provienen de fuentes privadas, ha recibido y recibirá la mayor cantidad de financiamiento público.

Esta presencia y fortaleza son innegables. Por eso, desde hace cuatro elecciones Keiko Fujimori es una alternativa alrededor de la cual se discute. Es claro que el no fujimorismo y el antifujimorismo no solo existen, sino que se articulan para discutir u oponerse. Pensar que se trata solo de un capricho o un sinsentido es no entender que cualquier corriente política de esa envergadura crea su propia oposición social y política.

Keiko Fujimori se ha desplazado desde la derecha a la extrema derecha, del liberalismo al conservadurismo. Se ha comprometido con sectores políticos, económicos, religiosos y regionales; ha firmado, jurado y prometido de todo. Se distanció y se opuso al indulto de su padre, como también se enfrentó a su hermano Kenji hasta llevarlo al desafuero y a la denuncia penal. No cabe duda de que tiene una enorme ambición y voluntad política, factores claves para una carrera como la suya.

Esta vez está mejor posicionada que en las elecciones anteriores donde no perdió solo porque carga con el peso de un gobierno autoritario y corrupto como el de su padre, ni por haber encauzado políticas y leyes que favorecieron a grupos mercantilistas, fanáticos u oscuros. Perdió también porque esa disciplina, cálculo y entrega de vida a la política no han podido convertirse en conexión emocional ni empatía con la gente, para que le crean lo que cuenta y promete, cosa que su padre sí logró, incluso para que muchos le pasaran por alto el asalto al Estado.

Esta vez puede ganar. Pero si se asume que su apoyo real es el 17%, su triunfo en segunda vuelta no resolverá el problema de origen. Como todo presidente, quedará atada a sus promesas, alianzas y compromisos de campaña. Pero, a diferencia de otros, arrastrará un peso mayor: el de su apellido, su trayectoria, sus contradicciones y una resistencia política y social que no desaparecerá con el resultado electoral. Incluso con mayoría en el Congreso recién elegido, su presidencia nacería con una legitimidad estrecha y una oposición que no tendría que construirse: ya existe”

16/05/2026

Si has sido candidato, no pagues multa. Presenta tu informe financiero. Te ayudamos

¿Fuiste candidato o conoces a alguien que lo ha sido? estás obligado a presentar dos informes financieros, de lo contrar...
16/05/2026

¿Fuiste candidato o conoces a alguien que lo ha sido? estás obligado a presentar dos informes financieros, de lo contrario, serás multado. Aquí la información.

Salvo en 1962, las elecciones con diferencias mínimas se han vuelto cada vez más frecuentes en este siglo. Pero lo decis...
15/05/2026

Salvo en 1962, las elecciones con diferencias mínimas se han vuelto cada vez más frecuentes en este siglo. Pero lo decisivo no es solo el margen, sino la reacción de quienes pierden. Mientras algunos reconocieron los resultados y contribuyeron a preservar la estabilidad democrática, otros optaron por desconocerlos, erosionando la confianza en las reglas del juego. La democracia no se sostiene únicamente en los votos, sino también en la aceptación legítima de la derrota. Ahí se fortalece o se debilita el sistema democrático.

DEBAJO DE UN SOMBRERO: Roberto Sánchez es, ante todo, una paradoja. Políticamente, casi no existe fuera de Pedro Castill...
11/05/2026

DEBAJO DE UN SOMBRERO: Roberto Sánchez es, ante todo, una paradoja. Políticamente, casi no existe fuera de Pedro Castillo; electoralmente, acaba de convertirse en el hombre que acompaña a Keiko Fujimori en una segunda vuelta. No hay parentesco, partido ni trayectoria común que los una. Hay algo más eficaz: la apropiación simbólica. Sánchez entendió que el sombrero no era un accesorio, sino una contraseña.

Sin Castillo, Juntos por el Perú probablemente estaría compitiendo con Perú Libre por el descenso. Con Castillo, Sánchez pasó de ser el único congresista de un partido sin estructura nacional a encarnar una expectativa de revancha. Su propia fuerza es mínima: como candidato a diputado por Lima, pese a encabezar la lista, obtuvo apenas poco más de 14 mil votos, una décima parte de lo conseguido por Harvey Colchado (Ahora Nación). Pero la elección no premia al mejor, sino a quien mejor se mueve políticamente, sea por pragmatismo o astucia.

El voto de Castillo en 2021 no fue programático. Fue identitario. Para millones de peruanos, sobre todo en el sur andino y zonas rurales, Castillo era “uno como tú”: provinciano, maestro, ajeno a Lima, ajeno a las élites. Esa identificación sobrevivió a un gobierno improvisado, mediocre, clientelista y corrupto, y terminó incluso negando el fallido golpe de Estado. Para ese núcleo, Castillo no fracasó: no lo dejaron gobernar. Sánchez ha recogido esa narrativa y la ha hecho suya.

Allí está su capital y también su límite. Su modesto 12% de primera vuelta le permite pasar a la segunda, pero, en menos de un mes, debe más que cuadruplicar su votación. No le basta sumar a la izquierda, a partidos sin inscripción o a aliados dispersos. En el Perú, los votos no se endosan como acciones. Los partidos casi no tienen ascendencia sobre sus electores. La segunda vuelta exige otra operación: ampliar sin desdibujarse.

Por eso Sánchez intenta moderarse para hablarle al elector antifujimorista que no quiere repetir la experiencia de Castillo. La campaña electoral es el espacio de las emociones y una de ellas, muy sensible, es la del miedo. Por eso, en sus pocas presentaciones, pretende moverse hacia el centro, tomando distancia del indomable Antauro Humala, que, con sus actos y frases, actúa en sentido inverso. Sánchez puede corregir, negar y matizar, pero lo que no puede hacer es soltar a Castillo. Si lo hace, se queda sin oxígeno.

Keiko llega a esta segunda vuelta en una situación distinta a la de 2021. No desaparece su rechazo, pero parece menos paralizante. Sánchez, en cambio, carga con una contradicción más severa: necesita ser continuidad para conservar su base y ruptura para crecer. Allí se juega la elección. No enfrenta solo a Keiko Fujimori. Enfrenta la pregunta decisiva de si el Perú que votó por Castillo votará ahora por él y si el Perú que teme al fujimorismo aceptará correr otra vez el riesgo de un gobierno improvisado y capturado por sus propias sombras.

TODA UNA VIDA: “Keiko Fujimori deberá convencer a, por lo menos, la mitad de ese 70% de peruanos que no votaron por ella...
04/05/2026

TODA UNA VIDA: “Keiko Fujimori deberá convencer a, por lo menos, la mitad de ese 70% de peruanos que no votaron por ella ni por Roberto Sánchez para ganar unas elecciones que le han sido esquivas en tres ocasiones. Su perseverancia -cuarta postulación presidencial- configura un caso singular: una trayectoria sostenida en la búsqueda del poder. No ha logrado un respaldo mayoritario, pero en un país fragmentado le ha alcanzado para consolidar una base estable. Sobre ella reposa el fujimorismo: una maquinaria construida en torno a su figura, que la ha llevado nuevamente a la segunda vuelta y a obtener la primera mayoría relativa en ambas cámaras, asegurando influencia decisiva en el siguiente quinquenio.

Es la octava vez que compite en elecciones y la cuarta que llega a segunda vuelta. Ha perdido siempre, pero acumula experiencia. En esta campaña optó por una estrategia distinta: bajo perfil, fortalecimiento orgánico y exposición tardía. A diferencia de liderazgos más estridentes, trabajó su aparato partidario con disciplina, recursos públicos y privados y sin confrontaciones innecesarias. Eso le permitió encabezar la primera vuelta con un modesto pero suficiente 17%. Su votación se concentró en Lima y el norte, zonas densamente pobladas que explican también su significativa representación parlamentaria.

La derecha más radical, que ha llevado al límite el discurso del fraude, la respaldará sin exigir mayores concesiones. Frente a Sánchez, percibido por ese sector como ilegítimo, Keiko parte con ventaja organizativa: estrategia, estructura, financiamiento y redes de apoyo. Pero esa base no garantiza el triunfo.

El desafío es político, no solo electoral. Ya marcó distancia con su ala más extrema, pero ganar exige desplazarse hacia el centro. Eso supone evitar la reedición de la polarización del 2021, que evidenció fracturas -Lima/provincias, urbano/rural, integrados/excluidos- que le dieron un contraproducente respaldo mediático, pero no mayoría social. Como lidereza de un partido dinástico, carga el peso del gobierno de su padre -“mochila”, dijo-, pero también el suyo: ha sido responsable de una década de inestabilidad y erosión democrática.

Pero, sus 22 senadores y 40 diputados, disciplinados y leales, la colocan en una posición de ventaja frente a Juntos por el Perú, sea como gobierno o como oposición. No obstante, si gobernar le ha sido esquivo, acumular poder no. Se ha constituido en la cabeza de la corriente política más gravitante de la última década y media. En ese tiempo ha tejido vínculos y compromisos de diverso tipo, y ha protegido intereses propios y ajenos. Si las campañas son el campo de batalla de las emociones y simbolismos, la pregunta es qué puede generar la candidata de Fuerza Popular para ganar”.

Si bien el sur peruano ha mostrado a lo largo del siglo XXI un patrón electoral muy característico, sus raíces son mucho...
30/04/2026

Si bien el sur peruano ha mostrado a lo largo del siglo XXI un patrón electoral muy característico, sus raíces son mucho más profundas. El cuadro adjunto corresponde a las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1978, realizadas hace ya más de 47 años.

En esa consulta, el centro y sur andino votaron mayoritariamente por la izquierda (IZQ), mientras que el norte lo hizo con fuerza por el APRA. El PPC obtuvo sus mejores resultados en Lima Metropolitana, Callao y zonas cercanas, y el FRENATRACA (dentro de la columna “Otros”) destacó especialmente en Puno.

Para entonces, las últimas elecciones municipales se habían realizado en 1966. El Perú había cambiado drásticamente. El centro y sur andino compartían no solo las mayores tasas de pobreza del país, sino también los niveles más altos de movilización social y organización sindical.

De esa Asamblea Constituyente -y sumando después a Acción Popular- surgió gran parte de la clase política que marcaría la convulsionada década de 1980.

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