23/02/2026
Queridos maestras y maestros, hagamos un alto y leamos este interesante artículo para cumplir con nuestra labor.
Hace poco una maestra me dijo algo que impactó: “Ya no quiero ir a trabajar.”
No estaba siendo dramática… Lo dijo desde la ansiedad y el cansancio.
Resulta que en su grupo hay un niño cuya conducta es intensa, explosiva, completamente desregulada. Cada día es impredecible. Cada mañana ella amanece angustiada anticipando lo que puede pasar.
Ha pedido apoyo. No llega. Ha hablado con la familia. Lo niegan. Lo justifican. Se alteran. “Es que la trae contra mi hijo.”
También me he encontrado docentes agotados por el desgaste con padres que no solo no acompañan, sino que confrontan. Que interpretan el límite como ataque. Que en cada conversación están a la defensiva.
Alrededor del mundo los docentes están dejando las aulas. Las tasas de abandono profesional están aumentando. Las licencias por ansiedad, depresión y estrés crónico se están disparando. Es una tendencia mundial.
Y es que solemos hablar de la crisis educativa pensando en los alumnos.
Pero ¿quién está hablando de la salud mental del adulto que da contención al aula?
Si un maestro entra todos los días en estado de amenaza, su sistema nervioso no está en modo enseñanza. Está en modo supervivencia. Y desde ahí es muy difícil relacionarse con los alumnos, tener claridad o paciencia.
Me angustia porque no veo una solución simple. Tal vez no exista.
Pero sí creo que hay una pregunta que necesitamos empezar a hacernos:
¿De quién es la responsabilidad de sostener al que sostiene?
¿Es solo del docente?
¿Es de la familia?
¿Es de la dirección?
¿Es del sistema?
Para mí creo que en realidad es de todos… Porque si seguimos actuando como si el maestro tuviera que poder con todo solo, esto va a colapsar…
Tal vez el verdadero debate no es sobre disciplina o exigencia. Es sobre corresponsabilidad.
Y tú, desde el lugar que ocupas, madre, padre, directivo, supervisor, colega, ¿estás sumando contención… o presión?
MO