26/03/2026
Te cuento cómo una campaña de marketing del siglo pasado cambió un hábito que haces a diario (o al menos eso esperamos).
El gobierno de EE.UU. tenía un problema serio, más serio que Gusteau's sin Remy en Rattatuille: sus soldados no se cepillaban los dientes.
En realidad, Nadie. 😅
Era un desastre para la salud pública y no había dentista en el mundo que te lo resolviera. Entonces llamaron a Hopkins, un publicista, que era alto capo en su flow.
Primero, hizo un serio trabajo de nalgas🍑, porque se sentó semanas a observar patrones de conducta, ¿qué cosas hacíamos con nuestra boca, sin darnos cuenta? .
💡¡Y entonces, lo notó! Encontró ese algo que todos hacemos sin siquiera pensarlo. Cuando hay placa... la textura cambia. Ese instante rarísimo, ese medio segundo incómodo — ese fue su detonante.
Lo que permitía activar un patrón de conducta en cada persona. Construyó todo alrededor de ESO.
No del producto. No del beneficio. Sino del momento exacto en que la persona ya estaba lista para actuar.
🤩¿El resultado? Hábito instalado en millones de personas alrededor del mundo. Ventas como cancha.
Lo curioso es que al final, la placa, que se llama mucina, ni siquiera tenía que ver directamente con las caries, solo era el efecto gatillo, lo que disparaba un recuerdo de uso.
Ahora te pregunto a ti: ¿Ya sabes cuál es tu efecto gatillo? Sin eso, podrías tener el mejor producto del mundo y , aún así, nadie comprarte.
Y esa es una de las bases del marketing infinito, encontrar el detonante, el efecto gatillo, que convierte tu producto en un hábito de millones😎