03/05/2016
Hay dos olores que me pueden hacer llorar.
El primero es el del arroz blanco anunciando que esta casi listo.
El segundo el del aderezo que grita a los cuatro vientos que hoy habrá estofado.
Uno exhausto, el otro deseoso, sucumben a su inexorable destino. El estar juntos. Arroz blanco, juguito de estofado. Es ese recuerdo el que agita de todas nuestras memorias. El que nos hace llorar.
En casa hacían dos estofados. De carne y de pollo. Ambas recetas eran las mismas. Un aderezo, papa, zanahoria, arveja.
Fuego lento.
Nunca hicieron un estofado de pescado.
Sera motivo de probar. Aquí les va.
Lo primero. Comprar pescados asequibles. Nada de lenguado, corvina o mero. En este plato mi candidato numero uno es el bonito. Luego el jurel. Luego la cachea, o la raya como lo hace Anthony en Buenos aires la mar, Cojinova aunque cada vez mas escasa, o congrio en rodajas porque no.
Lo segundo, el aderezo.
Licuamos cuatro tomates, un pimiento y media zanahoria rallada.
Hacemos un aderezo con una taza de cebolla roja picada finita, sudamos y añadimos una cucharada de ajo molido, sudamos y añadimos una cucharada de aji panca licuado, sudamos y añadimos el licuado.
Añadimos una hoja de laurel, un poquito de hongo seco al gusto, un chorrito de vino opcional, arvejas crudas y zanahorias en rodajas. Añadimos papa amarilla cruda en trozos grandes, dejamos que rompa a hervir y añadimos un chorro de caldo.
Cuando a la papa le falten dos minutos añadimos el bonito en filetes, y tapamos. A los dos minutos, apagamos el fuego.
probamos de sal. Una reposadita. Listo.
Salsa criolla y claro, lo mas importante. Su pareja de toda la vida.
El arroz blanco recién hecho.