28/08/2026
🥔🧬 ¿Puede lo que comemos durante miles de años terminar dejando una huella en nuestros genes?
Una investigación publicada en Nature Communications encontró una llamativa señal de adaptación genética en poblaciones indígenas de los Andes peruanos.
Los investigadores observaron un número elevado de copias de AMY1, un gen relacionado con la producción de amilasa salival y la digestión del almidón. Entre los Quechua estudiados, la mediana alcanzó las 10 copias, frente a 6 en una población Maya utilizada como comparación.
🌱 Lo más interesante es cuándo ocurrió el cambio: variantes con muchas copias de AMY1 comenzaron a aumentar de frecuencia hace unos 10.000 años, coincidiendo con el período en que la papa comenzó a ser domesticada en los Andes.
No significa que “comer papa cambiara los genes” de una persona. La selección natural habría favorecido, generación tras generación, variantes que ya existían en la población.
“Existen ideas, como la dieta paleo, que se basa en la adaptación al ambiente paleolítico y sostiene que no estamos preparados para consumir alimentos surgidos después de la domesticación. Pero creo que esta investigación muestra que las poblaciones humanas han respondido y evolucionado frente a condiciones alimentarias cambiantes durante los últimos 10.000 años. Nuestras vías metabólicas no son simplemente un producto de ese pasado paleolítico”, afirmó Abigail Bigham, coautora correspondiente del estudio.
Una fascinante historia donde agricultura, alimentación, cultura y evolución humana se cruzan durante milenios. 🌎
🔗 Conoce todos los detalles del estudio:
https://chilebio.cl/2026/08/23/adaptacion-genetica-papa-andes-amy1/