11/05/2025
Hoy pensaba en algo que casi nunca se dice…
A veces se nos olvida que para nuestra mamá también fue su primera vez.
La primera vez que cargó a un bebé.
La primera noche sin dormir, pendiente de nosotros.
La primera vez que sintió el peso de ser responsable de una vida.
Sin manual, sin instrucciones.
Solo con el instinto… y el corazón.
Y mientras aprendía a cuidarnos, también estaba intentando entender quién era ella.
A lo mejor sanando heridas de su propia infancia, dejando sueños en pausa,
llevando culpas y dudas que nunca dijo en voz alta.
Adivinó muchas veces.
Falló otras tantas.
Pero siempre estuvo ahí.
Crecimos… y con cada versión nueva de nosotros,
ella tuvo que convertirse en una nueva versión de sí misma también.
Y eso nadie lo dice.
Nadie habla de cómo las mamás se transforman en silencio.
De cómo se adaptan a nuestros cambios de humor, a nuestras etapas,
a nuestras metas, a nuestros berrinches…
A nuestro primer día de clases.
Y también a nuestro primer corazón roto.
No pidió aplausos.
Solo estuvo.
Estuvo cuando no nos dábamos cuenta.
Y también cuando ya ni le poníamos atención.
No fue perfecta, es verdad.
Pero incluso en sus peores días,
seguramente dio todo lo que tenía… por nosotros.
Y aunque estaba cansada, sonreía.
Y aunque tenía miedo, seguía.
Porque así son las mamás.
Es fácil criticarlas, compararlas, pensar que pudieron hacerlo mejor.
Pero no cualquiera se transforma tantas veces por amor.
Así que si todavía tienes a tu mamá contigo,
abrázala más fuerte.
Llámala.
Dile gracias, aunque no sepas por qué.
Porque un día, cuando ya no esté,
vas a entender que lo dio todo.
Y lo único que vas a querer,
es tener la oportunidad de decirle que lo hizo bien.
Este Día de las Madres, no la celebres por ser perfecta…
sino por ser valiente.
Por intentarlo sin saber cómo.
Pero siempre sabiendo para quién.
-Susana Rangel 🌼☕️✍️💬