07/03/2026
"Si me eligen, les ofrezco lo siguiente:
• S/. 5,000 soles para cada ciudadano, pagados directamente desde el cielo financiero del Estado (sin decir de dónde saldrá el dinero).
• Casas gratis para todos, con piscina privada y vista al mar… aunque vivas en Puno o en medio de la selva.
• El sol brillará 24 horas al día para que nadie tenga excusa para no trabajar.
• Todos los peruanos hablarán inglés, chino y kichwa al despertar el día después de las elecciones.
• La inflación desaparecerá con una ley mágica, firmada por mí y bendecida por un influencer económico.
• No habrá más colas en Essalud ni en hospitales, porque los médicos atenderán volando como superhéroes.
• Los buses públicos tendrán wi-fi, aire acondicionado y masajes en asientos de cuero.
• El metro de Lima llegará hasta mi casa… y hasta la tuya… y hasta el campo donde pastan las alpacas.
• Prometo paz total en el país… pero solo si todos hacen silencio y me obedecen.
• Y si no cumplo, no renunciaré: simplemente me haré invisible durante cinco años, como ya hicieron otros."
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Pero en serio… ¿hasta cuándo vamos a seguir tragando promesas imposibles?
¿Hasta cuándo vamos a permitir que nos vendan milagros mientras nuestros padres no tienen para sus medicinas, nuestros hermanos buscan trabajo en la calle y nuestras madres cocinan con balones de gas prestadas?
La gente no quiere más discursos de poder mundial ni planes de grandeza efímera.
Lo que queremos es comer hoy sin pedir prestado.
Queremos caminar de noche sin miedo.
Queremos trabajo digno, salud real, justicia que no se compre.
Queremos representantes que no nos miren como votos, sino como personas.
Y tú, que me lees, no estás soñando.
Estás despierto.
Y ese dolor que sientes…
ese cansancio de ver lo mismo año tras año…
esa rabia contra el Congreso que solo legisla para protegerse…
es la semilla de un cambio real.
Porque si de algo estoy seguro, es de esto:
El Perú no necesita más mesías con promesas de fantasía.
Necesita servidores con humildad, ética y experiencia.
Gente que haya sufrido, que haya trabajado, que haya velado por otros.
Como tú.
Como tantos que callan, pero que saben.
Y si algún día decides alzar la voz,
no prometas lo imposible.
Promete luchar.
Promete escuchar.
Promete servir.
Eso sí sería una revolución.