25/09/2026
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐭𝐚𝐜𝐚𝐫 𝐚𝐥 𝐚𝐝𝐯𝐞𝐫𝐬𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐞𝐫𝐫𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐚𝐧̃𝐚
𝘌𝘥𝘨𝘢𝘳 𝘖𝘫𝘦𝘥𝘢
Hay algo que debería hacer reflexionar a todos los candidatos que participan en esta campaña electoral en nuestra región: ¿Qué ocurre cuando una candidatura dedica demasiado tiempo a hablar de su adversario y muy poco a explicar qué hará si llega al poder?
Puede parecer una estrategia inteligente señalar errores, recordar cuestionamientos, buscar contradicciones y responder cada crítica para demostrar que el otro es peor. Pero hay un problema de fondo: cada vez que un candidato convierte a su rival en el protagonista de su discurso, deja de hablar de sí mismo. Y el elector piurano termina preguntándose: “𝐄𝐬𝐭𝐚́ 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐩𝐞𝐫𝐨… ¿𝐭𝐮́ 𝐪𝐮𝐞́ 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐨𝐧𝐞𝐬?”
En comunicación política y psicología esto se conoce como el "efecto bumerán" (backfire effect). Ocurre cuando un ataque termina perjudicando a quien lo lanza en lugar de a su objetivo. Y esto ha pasado en Piura en elecciones pasadas, pero se siguen cometiendo los mismos errores.
La política no debería ser una competencia para ver quién tiene más defectos. Ningún candidato debería asumir que puede cuestionar a los demás sin aceptar que su propia trayectoria, sus antecedentes, su equipo y sus propuestas también serán examinados con lupa. Y en muchos de estos casos encaja perfectamente el texto bíblico: “¿𝐘 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐬 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐣𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐨𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐮 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨, 𝐲 𝐧𝐨 𝐞𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐯𝐞𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐠𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐧 𝐭𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐨𝐣𝐨?”
La ciudadanía tiene derecho a cuestionar a todos, con el mismo rigor. Atacar al adversario puede generar titulares, debates encendidos y confrontación en redes sociales, pero eso no construye una candidatura. Una campaña puede ganar una discusión digital y, al mismo tiempo, perder la conversación real con el elector. Una cosa es demostrar que el otro tiene problemas, y otra muy distinta es demostrar que uno tiene soluciones.
Piura no necesita candidatos que solo sepan señalar lo que está mal. Nuestra región, con tantos problemas y brechas por cerrar, necesita candidatos capaces de explicar con claridad:
¿Qué van a hacer y cómo lo van a lograr?
¿Con qué recursos financieros contarán?
¿En cuánto tiempo ejecutarán las obras?
¿Quiénes integrarán sus equipos técnicos?
¿Qué resultados concretos se comprometen a conseguir?
Eso es lo que debería ocupar el centro de la campaña: las propuestas. Al final, el ciudadano no elegirá a quien atacó mejor; elegirá a las personas que administrarán los recursos públicos y tomarán decisiones que afectarán la vida de los piuranos.
Si para convencer al elector necesitas hablar constantemente de las debilidades de tu adversario, ¿qué tanto estás hablando de tus propias fortalezas? Una campaña sólida no necesita esconder las debilidades del rival, pero tampoco debería depender de ellas para sobrevivir.
Más ganaría un candidato cuando transparente su hoja de vida, explique su plan de gobierno, presente a su equipo, sustente sus propuestas y responda por su trayectoria. Eso es democracia, eso es debate electoral y eso es darle al ciudadano elementos reales para decidir.
Piura no necesita una campaña donde todos intenten demostrar que el otro es peor; necesita una campaña donde cada uno demuestre cómo está preparado para gobernar. Entonces, la pregunta jamás debería ser “¿𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐫𝐮𝐲𝐨 𝐚𝐥 𝐨𝐭𝐫𝐨?”, sino “¿𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐞𝐧𝐳𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐢 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫?”.
Tener siempre en cuenta que una candidatura puede dedicar toda su campaña a destruir la imagen de su adversario… y terminar dándose cuenta, muy tarde, de que olvidó construir la suya.