08/03/2026
Los Ayar
El viaje sagrado que fundó el Cusco.
En la cosmovisión andina, el orden no nació del caos, sino de la voluntad de una divinidad: ¡Wiraqocha! Según el análisis del historiador Franklin Pease sobre el cronista Juan de Betanzos, este modelo de divinidad —que se manifiesta de formas diversas en los Andes— fue quien dispuso que los hombres salieran de las Uku pacha para poblar Los Andes.
El punto de origen fue Pacaritampu, la "casa de producimiento". De una de sus cuevas brotaron cuatro parejas que portaban los emblemas del poder y la civilización.
Los protagonistas del mito
Los ocho fundadores no eran ordinarios. Vestían cumbi (ropa fina bordada en oro) y llevaban al cuello bolsas con hondas de nervios de camélidos. Las mujeres usaban asimismo adoros de oro, por ejemplo los alfileres o prendedores —tupu—,
Sus nombres, fundamentales en la genealogía incaica, eran:
* Ayar Cache y Mama Guaco
* Ayar Oche [Uchu] y Cura
* Ayar Auca y Ragua Ocllo
* Ayar Manco y Mama Ocllo
Cada uno portaba una Tupa Yauri, una alabarda de oro que marcaba su linaje divino.
El despliegue de fuerza y la traición
La expedición se detuvo primero en el cerro Guanacaure, donde sembraron papas en sus faldas. Allí, Ayar Cache hizo una demostración de poder que sellaría su destino: lanzó piedras con su honda, quebrando cuatro cerros y creando cuatro quebradas en ellos.
Temerosos de su fuerza, sus hermanos urdieron un plan. Con el pretexto de recuperar objetos de oro olvidados, lo hicieron regresar a la cueva de origen en Pacaritampu. Una vez que Ayar Cache entró, los demás sellaron la entrada con una gran losa, dejándolo atrapado para siempre.
De hombres a Huacas
Tras un año en Guanacaure y un paso por la quebrada de Matagua, el grupo se acercó al valle del Cusco. Fue entonces cuando Ayar Oche cumplió su destino místico: voló al cielo para hablar con el sol, su "padre", y regresó convertido en un "ídolo de piedra".
Ayar Oche trajo un encargo divino: su hermano Ayar Mango debía pasar a llamarse Manco Cápac.
La fundación del Cusco
Finalmente, Manco Cápac, su hermano Ayar Auca y las cuatro mujeres llegaron al valle donde vivía Alcaviza con treinta indios. Tras negociar y ser aceptados como "hijos del sol", se establecieron definitivamente.
En el lugar donde hoy se levanta el Coricancha (la "casa del sol"), construyeron su primera morada. Allí, como símbolo de una nueva era de sedentarismo y prosperidad, sembraron maíz.
Referencia Bibliográfica
Esta nota ha sido elaborada siguiendo la síntesis de:
* Autor: Franklin Pease
* Obra: Los Incas (2007)
* Sección: "El origen de los incas", páginas 33 y 34.