18/05/2026
EL NEGOCIO DEL MIEDO Y LA ADMINISTRACIÓN DE LA MISERIA.
Toda estructura de poder necesita un enemigo imaginario para justificar sus privilegios. En el Perú, la derecha encontró hace décadas el suyo: el “comunismo”. No importa que millones de peruanos vivan sin agua, sin salud, sin educación digna y sin oportunidades reales; siempre habrá un aparato mediático dispuesto a repetir que el verdadero peligro no es la pobreza, sino cualquier intento de cuestionar el modelo que la produce.
Ese es el núcleo filosófico del fujimorismo y del actual pacto mafioso que controla el Estado: gobernar mediante el miedo. Convencer al pobre de que reclamar derechos lo convertirá en “otra Cuba” o “otra Venezuela”, mientras continúa sobreviviendo en cerros abandonados, entre esteras, barro, anemia, desnutrición y colegios que se caen a pedazos. Una maquinaria política diseñada para que las víctimas del sistema terminen defendiendo a sus propios verdugos.
Durante años, la derecha peruana construyó una narrativa donde justicia social significa caos, donde igualdad significa amenaza y donde pensar críticamente es “terrorismo ideológico”. Así lograron que millones de ciudadanos precarizados voten por quienes jamás resolverán sus problemas estructurales. Porque el negocio nunca fue sacar al pueblo de la pobreza; el negocio siempre fue administrar esa pobreza políticamente.
Y mientras el país real sobrevive abandonado, el gobierno dirigido por este pacto mafioso demuestra cuáles son sus verdaderas prioridades. Saben perfectamente que existen millones de peruanos sin servicios básicos, sin hospitales dignos y con niños que padecen anemia y desnutrición crónica; sin embargo, prefieren destinar miles de millones en la compra de aviones de guerra y armamento antes que invertir seriamente en vivienda, salud, educación o alimentación popular. Para esta élite política, un niño pobre jamás será prioridad; pero los negocios militares y el espectáculo del “orden” sí.
Ahí queda expuesta la hipocresía de quienes hablan de patria mientras abandonan al pueblo. No les preocupa la inseguridad social, la miseria ni la desigualdad obscena; les preocupa mantener intacto un sistema de privilegios donde una minoría vive protegida por el poder político, económico y mediático, mientras el resto apenas sobrevive.
Lo más perverso de todo es que quienes llaman “comunista” a cualquier demanda popular son los mismos sectores que han controlado el Congreso, las instituciones y buena parte del aparato estatal durante años. Fueron ellos quienes obstruyeron gobiernos, manipularon el miedo colectivo y degradaron la política hasta convertirla en un mercado de chantajes y blindajes.
La derecha peruana no le teme al comunismo. Le teme a que el pobre deje de sentir miedo, comprenda quiénes se enriquecen con su precariedad y descubra que la miseria no es casualidad ni destino: es una herramienta de control político.
® Manfred Vargas Ulffe /Especialista en Comunicación Política.
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