02/02/2025
Hoy quiero contar la increíble historia de Cliff Young, un granjero australiano de 61 años que desafió todas las expectativas y corrió para hacer historia. En 1983, durante la agotadora Ultramaratón Sydney-Melbourne, de 875 kilómetros, se presentaron atletas experimentados con equipos de última generación, todos menores de 30 años y con patrocinadores. Entonces llegó Cliff, con un mono y unas botas de agua por encima. Sin ningún entrenamiento profesional, simplemente se plantó en la línea de salida, dispuesto a correr como había hecho toda su vida pastoreando ovejas.
Cliff nació en 1922 en el seno de una familia de agricultores pobres de Victoria (Australia). Al crecer en la granja familiar de ocho kilómetros cuadrados, no tuvo acceso a caballos ni coches durante la mayor parte de su vida. Así, se convirtió en su propio medio de transporte. Cuando llegaban las tormentas, Cliff salía a pie a arrear las 2.000 ovejas de la granja, a veces corriendo durante días. A los 57 años, Cliff descubrió las carreras de larga distancia y decidió dedicarse a esta nueva pasión con la misma dedicación que ponía en el pastoreo de ovejas, sin pensar nunca que su edad sería un obstáculo.
En la salida del ultramaratón, los medios de comunicación y los espectadores quedaron conmocionados. Delante de ellos había un hombre mayor, sin equipo, patrocinadores ni estrategia de descanso. La mayoría de los corredores pretendían terminar en unos cinco días, corriendo 18 horas y durmiendo seis cada día. Pero Cliff no conocía esta estrategia y corrió como siempre había hecho, continuando toda la noche y hasta el día siguiente sin parar. Cada día se quedaba atrás, pero cada noche, mientras los demás dormían, Cliff recuperaba terreno. En el último tramo se puso en cabeza y terminó la carrera en 5 días, 15 horas y 4 minutos, superando al segundo clasificado en diez horas.
Su victoria sorprendió e inspiró a todo el país, pero Cliff se mantuvo humilde. Cuando le ofrecieron el premio de 10.000 dólares, decidió repartirlo a partes iguales entre los participantes, negándose a quedarse un solo céntimo para él. Este gesto, junto con su resistencia y determinación, le convirtieron en un héroe nacional. En los años siguientes, Cliff siguió corriendo, llegando incluso a intentar una carrera de 16.000 kilómetros para recaudar fondos para los niños sin hogar. A pesar de luchar contra el cáncer en sus últimos años, Cliff estableció un récord mundial en un maratón de seis días en 2000, a la edad de 78 años. Murió en 2003, dejando un legado de perseverancia y generosidad que sigue inspirando a atletas y soñadores de todo el mundo.