17/09/2024
Hoy se me colmó la copa escuchando a los analistas políticos mañaneros. Sin querer queriendo, depositan su grano de arena en la psiquis del puertorriqueño para venderle ideas que pueden terminar desapareciendo la esperanza de cambio a cualquiera que los escuche.
Para colmo, el Fondo Monetario Internacional anuncia que Puerto Rico y Haití son los países en la región padeciendo de contracción económica por, en nuestro caso, llevar 20 años en decrecimiento. Dicen que no se puede hablar siquiera de desarrollo económico alguno si no se atiende la capacidad de generación eléctrica. El tema es álgido, pero no se puede negar que las pasadas administraciones han defendido a quienes nos han maltratado utilizando la energía como verdugo.
En mi función de buscadora de la verdad, siento la necesidad de desahogar mi parecer sobre el convulso momento en que nos encontramos.
Observo que el año electoral representa la máxima división de los pueblos donde la lucha por el poder es feroz, especialmente para aquellos que se aferran a él. Aun así, pareciera que todavía demasiados ciudadanos se encuentran ajenos a manipulaciones burdas que debieran ser acalladas por los hechos. Como si no bastara la debacle que nos han creado, todavía demasiados continúan siguiendo los pasos de ideales evidentemente abandonados y sustituidos por el ánimo de lucro de los pocos.
Tener el oído en tierra en este momento es urgente. Si hay un tiempo importante para nuestra Isla es ahora. Es vital parar el curso que llevan aquellos que nos han afectado por los últimos años y ahora pretenden endulzar nuestros oídos con promesas que no cumplieron.
Los imparables desaciertos generados por la fallida administración pública causan que el cuerpo del ciudadano constantemente genere una cantidad de cortisol – la hormona del estrés – causando numerosas situaciones de salud y de vida que se presentan a diario por los noticiarios. Por tal razón debemos hacer acopio de la capacidad de expansión que tiene nuestro cerebro.
Para ello, es necesario que ponderemos las creencias que hasta hoy hemos sostenido. En este caso, las creencias políticas debido que, a pesar de las promesas concebidas en anteriores años electorales, nuestra realidad es que estamos hoy quebrados y haciendo malabares para esquivar los numerosos escollos con el que dificultan el natural desarrollo de nuestro pueblo.
Cuando llega el año electoral se debiera caer el telón ante la realidad. Se hace pertinente expandir el punto de vista, de ponderar nuevas ideas o formas de ver y hacer. Hoy día esta facultad se conoce como plasticidad cerebral. Esto es, la capacidad de expandir la forma de pensar y mirar más allá de las palabras engañosas que intentan ahogar las realidades que se viven.
Permitirse auscultar otras posibilidades fuera de los patrones a los que estamos acostumbrados, hace posible lograr la llamada masa crítica o cantidad de consciencias expandidas necesarias para manifestar los cambios que amerita el momento histórico.
El tiempo presente requiere que trascendamos el partidismo político para regresar a la fidelidad del amor patrio, hacia la atención de las necesidades básicas de los individuos y familias puertorriqueñas que solo pueden proveerse a través de una sana y consciente administración.
De qué valen las marchas, protestas o quejas si al ejercer el voto, se es más fiel a los culpables de todas las crisis en lugar de rescatar y dar un voto de confianza a aquellos que presentan una alternativa distinta.
No puedo dejar de mencionar que, si por más de sesenta años no ha llegado el cambio de estatus prometido, podemos darnos el lujo de sorprender a aquellos que, como a niños pequeños promueven el miedo con tal de no ser desplazados.
Atentan contra nuestra inteligencia, pues, a la luz de ser la colonia más antigua del imperio más poderoso del planeta, es absurdo pensar que cualquier otro régimen pueda venir a secuestrarnos. No hay nada que temer, menos que perder y mucho por ganar al despedir a los incompetentes e ineptos administradores que nos tienen al borde del colapso.
A estas alturas, se debiera considerar como un deber patrio el rescatar lo que nos queda y dar el salto de fe y confianza en nosotros mismos. Sería vergonzoso dejar pasar, otra vez, la opción de contratar a nuevos administradores y con ellos, abrirnos hacia nuevas oportunidades y posibilidades. Pasados los cuatro años, ya veremos…