15/06/2026
“Lo que el hombre siembre, eso también cosechará.” — Gálatas 6:7
La semilla no se convierte en fruto por accidente. Requiere tierra removida, manos dispuestas y un corazón que no se rinde. Por eso tu frase es tan poderosa:
Cuando decides sembrar —aunque sea pequeño, aunque sea incierto— estás honrando el diseño divino. Cada gota de sudor, cada madrugada de esfuerzo, cada paso que das sin ver resultados es parte del milagro. La cosecha no llega rápido, pero siempre llega multiplicada.
No temas empezar pequeño. No subestimes lo que hoy parece mínimo. Si Dios te dio una semilla, es porque vio en ti un sembrador capaz de convertirla en abundancia. Sigue labrando, sigue creyendo, sigue sembrando.