16/07/2025
Los niños no son diagnósticos, ni etiquetas, ni estereotipos. Son personas en pleno desarrollo que merecen ser vistas desde el amor, el respeto y la comprensión.
Etiquetar a un niño con frases como “vago”, “hiperactivo”, “lento” o “problemático” puede parecer algo inofensivo, pero en realidad deja marcas profundas. Estas etiquetas limitan su autoestima, condicionan su identidad y afectan la forma en que los demás los tratan. Peor aún, muchos niños comienzan a creer esas etiquetas y a comportarse según lo que se espera de ellas.
Cuando etiquetamos, dejamos de ver al niño completo. Nos enfocamos en lo que “no hace bien” y dejamos de lado su historia, su esfuerzo, su contexto emocional y sus capacidades únicas.
¿Qué podemos hacer en su lugar?
• Observar con empatía. Detrás de cada conducta hay una necesidad, un mensaje que el niño aún no sabe cómo expresar.
• Describir en lugar de juzgar. En vez de decir “es desobediente”, podemos decir: “le cuesta seguir instrucciones cuando está cansado”.
• Reconocer su esfuerzo. Valorar el proceso más que el resultado ayuda a que los niños se sientan capaces y motivados.
• Buscar el origen. Acompañar con respeto, detectar si hay dificultades emocionales, de aprendizaje o del entorno antes de etiquetar.
• Hablar desde el amor. Los niños florecen cuando se sienten vistos, validados y aceptados.
Liberemos a la infancia del peso de las etiquetas. No necesitan ser definidos por lo que les cuesta. Necesitan ser acompañados para descubrir todo lo que pueden ser.
Universo Sorprendente
De Mirian Rojas Estapé