08/02/2025
Leccion de Emprender….
“De empleado godín a taquero con sistema: el taco también se automatiza”
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Así empezó todo
Yo hice todo “como se debe”:
Carrera, título, empleo decente, sueldo estable, prestaciones, vacaciones con solicitud de 15 días de anticipación…
Y aún así, me sentía enjaulado.
No me iba mal, pero tampoco me iba bien.
Me iba igual.
Cada quincena como relojito: pago, renta, súper, gasolina, Netflix, y vuelta a empezar.
El clásico: “no me quejo, pero ya me cansé”.
Un día, en medio de un Excel eterno y una junta que parecía misa de cuerpo presente, me dije:
“ya estuvo bueno de que me griten por correos no contestados, voy a poner mi negocio”.
Tenía hambre de libertad. Y, pues, literal, se me ocurrió abrir un negocio de tacos.
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El punto de quiebre
Yo juraba que en el primer mes ya iba a andar en mi carro con quemacocos y el logo del local bordado en la polo.
Pero ¡tómala papá!, la realidad me puso un buen guamazo.
Primero fue lo básico:
• Local: renta + depósito
• Remodelación: que si la campana, la pintura, el gas, la bendita luz trifásica
• Mobiliario: mesas, sillas, estufón industrial, refrigeradores, loza…
• Permisos: salubridad, uso de suelo, bomberos, SAT, IMSS, Infonavit, hasta Protección Civil vino a dar lata
Y todavía ni abría.
Para cuando corté el listón (que fue con una tijera prestada, pa’ acabarla), ya me había volado medio ahorro.
El primer mes fue peor que trabajar en lunes crudo:
No llegaba nadie.
Mis compas solo iban “a probar” y se iban sin pagar.
Y aún así tenía que pagar: renta, sueldos, seguro, nómina, y si sobraba algo, yo comía.
Si no, pues con la esperanza.
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Lo que nadie me dijo
Ese primer año fue la chinga de mi vida.
Dormía poco, comía parado, lloraba en silencio (o en el baño, con dignidad).
Quería renunciar a mi sueño más veces que cuando trabajaba como empleado.
Me di cuenta que no tenía ni idea de:
• Cuánto pagarle a los empleados
• Cómo administrar los insumos
• Qué hacer con la merma
• Cómo leer un pi**he flujo de efectivo
• Y mucho menos cómo mantenerme motivado cuando nadie entraba al local
Yo me decía: “me salí para tener libertad y ahora soy el primero en llegar, el último en irme y ni cobro”.
Eso no te lo dice ningún curso de “sé tu propio jefe”.
Pero aguanté. Por terco, por orgullo y porque no quería regresar a la oficina con cara de derrotado.
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Esto aprendí
Después de muchas regadas de tepache, empecé a leer, a preguntar, a buscar cómo chingados podía hacerle para no estar 24/7 en el negocio.
Y así descubrí la palabra mágica: sistematización.
Pagando asesorías (caras), cursos (algunos buenos, otros puro humo), y con ayuda de personas que sí sabían, logré lo que creí imposible:
• Estandarizar recetas
• Capacitar a los empleados para operar sin mí
• Hacer cortes de caja transparentes
• Monitorear por cámaras
• Y tener un sistema que funcionara aunque yo no estuviera
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El final que no esperabas
Un día decidí ponerlo a prueba. Me fui de fin de semana con mi pareja a Valle de Bravo.
No contesté el teléfono. No revisé la caja. No metí mi cuchara.
Y al volver…
el negocio había operado perfecto.
Todo cuadró, no faltó nada, y por primera vez cobré sin estar ahí.
Lloré, pero ahora de emoción.
Ese día entendí que un negocio no es negocio hasta que no puede vivir sin ti.
Todo lo demás, es ser autoempleado con disfraz de empresario.
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¿La moraleja?
• Emprender no es para flojos ni para románticos de Instagram
• No todo es pasión: se necesita cabeza, tripas y estrategia
• La libertad llega, pero después de tragar tierra
• Si vas a emprender, sistematiza o muere
• No es barato, no es rápido, pero vale cada peso y lágrima
Hoy, mi negocio de tacos ya no es solo mío, es un sistema.
Y sí, sigo chambeando, pero ahora con dirección y con colmillo.
Porque uno no deja de ser emprendedor… solo aprende a hacerlo sin morir en el intento.