02/19/2026
ESPAÑA
El país que apuesta por los migrantes
Es posible que España tenga una solución para las reacciones negativas contra los migrantes en muchos países ricos.
Por Katrin Bennhold
The New York Times
Es uno de los dilemas definitorios de nuestro tiempo: las tasas de natalidad están disminuyendo y los países occidentales dependen cada vez más de la mano de obra migrante. Al mismo tiempo, hay una reacción negativa contra los migrantes en las urnas que lleva no solo a los populistas, sino también a muchos partidos de la corriente mainstream, a restringir el número de personas que migran a sus países y a aumentar las deportaciones.
Pero un país está haciendo algo diferente: España está dando a cientos de miles de migrantes indocumentados la oportunidad de quedarse y trabajar y, al menos hasta ahora, ha evitado una reacción negativa masiva en contra. Hoy mi colega Amanda Taub explica los motivos.
Por Amanda Taub
Pocos temas tienen más carga política que la migración. Aunque muchos países se enfrentan a una disminución de la mano de obra, aceptar a un gran número de migrantes entraña el riesgo de una reacción negativa de los votantes e inestabilidad política.
El resultado: muchos países ricos se esfuerzan por mantener fuera a los migrantes, incluso cuando las personas a cargo de los bancos centrales y los economistas instan a una mayor inmigración para complementar la oferta de mano de obra y aumentar los ingresos fiscales.
Es un dilema aparentemente inextricable. Pero España, que tiene una de las tasas de natalidad más bajas de Europa y una mano de obra nacida en el país cada vez menor, puede haber encontrado una forma de salir de ese callejón sin salida.
El mes pasado, su gobierno de centro-izquierda dijo que daría a cientos de miles de migrantes indocumentados una vía para obtener un estatus legal.
Borja Suárez Corujo, secretario de Estado de la Seguridad Social y Pensiones de España, dijo en una entrevista que la migración era el único camino a seguir para que la sociedad española se mantenga y progrese.
Sin embargo, el Partido Popular, de centro-derecha, dijo que la medida desbordaría los servicios públicos. Una portavoz de Vox, el partido de extrema derecha español, afirmó que ataca la identidad española.
Cambiar de política podría seguir siendo una apuesta arriesgada en un país donde el apoyo a Vox en las encuestas ha pasado de cero a casi el 20 por ciento en la última década.
Pero el gobierno español se ha apoyado en una amplia coalición social, que incluye a muchos líderes empresariales y a la Iglesia católica, para promulgar una estrategia que resulta ahora políticamente impensable en Estados Unidos y en muchos otros países ricos.
Evitar los desencadenantes
España ha permitido durante mucho tiempo que los migrantes indocumentados obtengan el estatus legal a los pocos años de llegar, si pueden demostrar que tienen raíces en la comunidad a través del empleo, la familia o los lazos sociales. Los ciudadanos de muchos países latinoamericanos han podido viajar a España con exenciones de visa o visas turísticas, y luego quedarse.
Desde 2019, casi el 40 por ciento de todos los nuevos puestos de trabajo en España han sido ocupados por migrantes, según las estadísticas del gobierno.
“Vinimos a España a trabajar, no a pedir ayudas ni a depender de nadie”, dijo Marita González, de 35 años, quien llegó de Perú como turista con sus dos hijas y se quedó. “Necesitamos trabajar, y para eso necesitamos papeles”. Actualmente gana 750 euros al mes cuidando a dos personas de edad avanzada.
La política migratoria relativamente liberal de España, que incluye la reciente amnistía, evita algunos de los principales desencadenantes del sentimiento antimigrante.
More in Common, un grupo de investigación política que estudia la polarización en Estados Unidos y Europa, ha presentado datos que dan a entender que el apoyo público a la inmigración suele basarse en dos cosas: la gente debe creer que la inmigración está bajo control y que los migrantes contribuyen a la economía y a los intereses nacionales.
El gobierno y los defensores de la inmigración han enmarcado la nueva amnistía como una medida “conforme al marco legal” que incorporará a más personas a la economía formal, donde pagarán impuestos y estarán sujetas a obligaciones legales.
La percepción de control
Los datos de More in Common muestran que cuando la gente siente que sus fronteras no son seguras, el apoyo a la inmigración disminuye. En Estados Unidos, la percepción de que el presidente Joe Biden perdió el control sobre la frontera sur impulsó la hostilidad hacia la inmigración, dijo Tim Dixon, director ejecutivo del grupo.
La forma en que los migrantes indocumentados entran en un país influye mucho en la opinión pública. La vasta frontera entre Estados Unidos y México puede ocasionar temor a una inmigración incontrolable cuando aumentan los cruces.
A diferencia de Estados Unidos, España tiene un número relativamente bajo de solicitantes de asilo que cruzan las fronteras terrestres o marítimas sin autorización. Los migrantes indocumentados suelen llegar legalmente como turistas con exención de visas, y luego se quedan más tiempo. Eso evita que se provoque la sensación de que las fronteras no están controladas, porque el gobierno podría cerrar esa vía en cualquier momento.
Los activistas afirman que el cálido recibimiento español no se extiende a muchos africanos, incluso mientras reconocen que España es un caso atípico en un continente que cierra sus puertas. El país financia, equipa y capacita a Marruecos y otros países para detener a los migrantes antes de que lleguen a Europa a través de las Islas Canarias, y tiene pasos fronterizos fuertemente fortificados en Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas en el norte de África.
¿Podría funcionar en otros lugares?
España tiene algunos atributos únicos, en particular su gran reserva de migrantes potenciales en América Latina, que comparte su lengua y su herencia religiosa. Pero el hecho de enmarcar el debate migratorio en torno a la necesidad de orden de la población sugiere un modelo que podría extenderse ampliamente.
Una gran lección: si la gente confía en que el gobierno tiene sus fronteras bajo control, a menudo aceptará altos niveles de inmigración. “Cuando sienten que se ha restablecido el control, entonces lo normalizan”, dijo Dixon.
Australia creó centros de detención en el extranjero para los solicitantes de asilo, lo que provocó las críticas de otros países. Pero una vez que el público se convenció de que el gobierno controlaba sus fronteras, el sentimiento cambió, dijo Dixon. En la actualidad, más del 30 por ciento de la población australiana es nacida en el extranjero.
Dada su conexión con América Latina, España tiene una ventaja difícil de reproducir. Pero Dixon cree que su estrategia —demostrar control sobre las fronteras al tiempo que se argumenta económicamente a favor de la inmigración— puede ofrecer una solución a un problema espinoso que comparten casi todas las naciones ricas.