06/16/2026
Hay algo que pocas veces cuento.
En los momentos más difíciles de mi vida, muchas veces no sabía a quién llamar.
No porque no hubiera personas a mi alrededor.
Sino porque había cosas que ni siquiera sabía cómo explicar.
¿Cómo le explicas a alguien que te sientes perdido?
¿Cómo le explicas ese vacío?
¿Cómo explicas el miedo, la incertidumbre o el cansancio de seguir intentando?
Y entonces hablaba con Dios.
A veces era una oración.
A veces una conversación.
A veces solo lágrimas y silencio.
Pero ahí estaba.
No escuchaba una voz.
No veía señales espectaculares.
Solo empezaba a sentir algo que no tenía unos minutos antes: paz.
Una paz que no cambiaba mi situación de inmediato, pero sí cambiaba la forma en que la enfrentaba.
Por eso, cuando me preguntan qué hacía en los momentos en que me sentía más sola, la respuesta siempre es la misma:
Hablaba con Dios.