04/27/2024
Escrito hace un par de años, válido aún.
Por Robert Bacon
En China, India y Brasil se fabrican vacunas falsas de COVID-19 (Wuhan-19). Cantidades masivas de medicamentos falsos están ingresando a los mercados europeos, mercado que tienen dinero. Esto no ha de sorprender a los entendidos en materia de inteligencia criminal. Los criminales -como bien describe la teoría clásica de la criminología (rational choice theory) aprovechan las oportunidades y los descuidos de las autoridades para hacer de sus maldades. La desesperación y el sobre agotamiento de fiscalización han abierto un mercado ilícito en tiempos de pandemia que muchos malhechores aprovechan.
La Organización Mundial para la Salud (OMS) ha estimado que un 10% de los medicamentos consumidos mundialmente son falsos. En los países de tercer mundo la cifra puede aumentar hasta un 40%. ¿Es terrible este mercado ilícito? Si, lo es. Tanto medicamento consumido en espera de mejoras, cura o como remedio paliativo. Tanto engaño y tanto sufrimiento tornándose en malestar o mu**ta prematura para muchos tomados por inocentes. La tragedia real se encuentra en la falta de interés que existe dentro de la consciencia colectiva de la población (incluyendo los medios de comunicación y las entidades de educación y acción reactiva gubernamental) por entender y actuar racionalmente con respecto al riesgo.
En Centroamérica, se ha estimado que, en algunos periodos durante la última década, los medicamentos adulterados, de baja calidad o simplemente falsos, han llegado a constituirse hasta en un 30% del total de los medicamentos consumidos en el mercado de la región. Colombia, igual que los países anteriormente mencionados, se ha caracterizado en ser un centro de gravedad productiva en donde se fabrican muchos tipos de medicamentos falsos o espurios que han ingresado en Centroamérica. Centroamérica y Panamá colindan con Colombia y, es de esperar que exporten con facilidad a la región.
La fabricación y comercialización ilegal de estos medicamentos espurios fomenta la mortalidad y morbilidad de la población. Mina la confianza que se puede tener por la medicina institucionalizada y desarrollada según el método científico.
En Centroamérica, las autoridades fiscales y policiales parecen no haber tomado una postura fuerte en contra de este mercado ilícito. Las autoridades de salud -los que hacen las compras de suministros médicos y de fármacos- tampoco demuestran tener suficiente precaución cuando compran suministros o cuando educan a la población en contra del consumo de aquellas obtenidas fuero de lo normal.
Los fármacos espurios penetran no solo los mercados informales localizado en las aceras y calles de los pueblos y ciudades, penetran también las cadenas de suministro legítimos. En Honduras tenemos el famoso caso de “las pastillas de harina”. El dueño de Laboratorios Internacional (Lain), Miguel Ernesto Flores Cisneros, insertó fármacos de baja calidad o adulterados dentro de la cadena de suministro de sistema de salud nacional.
En Costa Rica, durante los últimos cinco años, el Ministerio de Salud ha efectuado decomisos de medicamentos falsos en farmacias. En Guatemala, Carlos Soto, exministro de Salud y Acción Social, denunció el año pasado el registro irregular o fraudulento de medicamentos espurios ante las autoridades sanitarias y reguladoras del país. En este caso existe claros indicios de como las redes ilícitas utilizan su influencia para corromper a funcionaros públicos. En el Salvador es ejemplar el caso de la venta de medicamentos en puestos callejeros junto con frutas y algunas comidas de comal. En Nicaragua la situación no es distinta. La pobreza y desesperanza empuja mucho a comprar medicamentos sin importar su origen.
Se preguntará usted ¿Qué medicamentos falsos o espurios son mercadeados? Pues de todo, medicamentos para el corazón, amoxicilina, Vi**ra (no puede faltar), analgésicos, anticonceptivos, ibuprofeno, medicamentos para el corazón, para la hipertensión, contra el cáncer, etc.
Las personas que se agrupan como organización criminal especializada en el mercado de fármacos espurios e ilegales son o pueden ser, una combinación de delincuentes comunes, químicos, farmaceutas, científicos, médicos, comerciantes, funcionarios públicos y otros afines. En ocasiones estos grupos confabulan junto con criminales como narcotraficantes, mafias u otras agrupaciones nefastas. Las organizaciones pueden ser gigantes al estilo corporativo internacional, como las operaciones de producción que ocurren en China (nunca falta China en el escenario de la producción pirata), la India, Turquía y Brasil. Las organizaciones pueden ser de tamaño mediano, como suele ser el caso en Colombia. También hay operaciones de pequeña escala en donde se fabrican estos medicamentos espurios en una bodega o dentro de una casa. Este ultimo tipo ocurre muy comúnmente en los países no desarrollados.
¿Qué puede hacer uno? Primero, convertirse en consumidor inteligente de productos médicos. Segundo, siendo posible, denunciar a las autoridades de salud publica casos sospechosos de comercialización de fármacos falso o adulterados. ¿Y… las autoridades, que pueden hacer? Ellos sabrán. Pero no parece ser mucho. Este asunto carece del glamur normal asociado con el narco y los capos.
Como consumidores cautos, y por nuestra seguridad podemos hacer lo siguiente:
Determinar si el nombre comercial o genérico (y su logo) y el ingrediente activo se nítidamente observable;
Inspeccionar el sello de seguridad para verificar que esté intacto;
Inspeccionar que la etiqueta sea la usual, reconocible y nítidamente imprimida (nada borroso);
Inspeccionar la fecha de vencimiento, el lote y el número de registro sanitario;
Inspeccionar en recipiente, su material y estado en general;
Identificar el país de origen.
Es importante recordar, siempre hay un villano que busca la oportunidad de victimizarnos. La teoría clásica criminológica de la decisión racional aplica para entender este asunto en tiempos de pandemia.