08/07/2014
Hola como estas!
Muchas veces me preguntan como puedo poner rápidamente en funcionamiento la ley de atracción y mi respuesta es simple.
Debemos definir con claridad nuestros valores.
Cuando pensamos en lo que ha engrandecido a la humanidad a través del tiempo, es el respeto, el honor, la honestidad, el agradecimiento, la bondad, la compasión, la tolerancia, el amor, etc.
Los valores que enaltecen a los seres humanos y nos hacen mejores cada día, los juicios fundamentales de orden ético, moral y práctico que formulamos acerca de lo que realmente importa.
Los sistemas de valores son sistemas de creencias que nos sirven especialmente para juzgar lo que está bien y lo que está mal en nuestras vidas, son nuestros juicios acerca de lo que vale la pena.
En la gran mayoría de los casos no hay una noción clara de la gran importancia de alimentar, preservar y fortalecer valores positivos en la vida de las personas. A menudo los seres humanos hacen cosas por las que luego se sienten descontentos de sí mismos, sencillamente porque no tienen claro lo que sucede en su subconsciente, creen que está bien para ellos y para los demás.
Las personas con valores positivos son triunfadores vemos que casi siempre son personas con un gran sentido de lo que fundamentalmente les importa en realidad.
Una comprensión clara de los valores positivos en la vida del ser humano es parte de los pilares fundamentales de hacer uso correcto y en forma positiva de la ley de atracción o el secreto mental, es una de las claves más exigentes, y al propio tiempo más gratificantes, para alcanzar la excelencia en nuestras vidas.
Es la mente la que hace el bien o el mal, la que hace mísero o feliz, rico o pobre. EDMUND SPENSER
La diferencia de usar en forma positiva o no la ley de atracción reside en el estado neurofisiológico en que uno se encuentra. Hay estados que potencian (como la confianza, el amor, la seguridad interior, la alegría, el éxtasis, la fe), que liberan fuentes inagotables de poder personal.
Y hay estados que paralizan (como la confusión, la depresión, el miedo, la injustica, la tristeza, la frustración), y que nos dejan impotentes. Todos tenemos alternativas de estados buenos y malos, pero debemos ser conscientes que el cambio comienza dentro de nosotros mismos, no esperes que cambien tu realidad si tú no cambias por dentro.
Voy a darte un ejemplo: cuando uno entra en un restaurante y la camarera te recibe con un bufido ó un mal gesto. ¿Crees que siempre se comunica así? Puede que sea de esta manera porque tiene una vida llena de dificultades. Pero es más probable que tenga un mal día, o demasiadas mesas que atender, o que la haya ofendido algún cliente. No es mala persona, lo que pasa es que se halla en un estado que la priva de sus recursos y de ver su propia potencialidad.
Si pudiéramos modificar dicho estados neurofisiológicos, cambiaría su comportamiento.
Comprender nuestro estado es la clave que activa nuestra manera de percibir el mundo en el que vivimos. Nuestra conducta es el resultado del estado en que nos encontramos. Siempre procuramos hacer lo mejor con los recursos de que disponemos, pero a veces somos nosotros mismos los que nos hallamos carentes de recursos.
Un estado puede definirse como la suma de los millones de procesos neurológicos que se producen en nuestro interior o, en otras palabras, la suma total de nuestra experiencia en cualquier momento dado. La mayoría de nuestros estados ocurren sin ser dirigidos conscientemente por nosotros. Vemos algo, y frente a ello reaccionamos cayendo en un estado determinado, que puede ser de los estimulantes y útiles, o de los incapacitantes y limitativos, pero, en todo caso, la mayoría de los seres humanos saben muy poco de cómo hacer para controlarlos y revertirlos.
La diferencia entre los que fracasan en sus objetivos vitales, y se alejan del uso y dominio de la ley de atracción y los que triunfan con su uso, es la que hay entre los que no saben ponerse en un estado afirmativo subconsciente y los que habitualmente consiguen un estado subconsciente positivo que contribuye a sus logros día tras día.
Casi todos los deseos de los seres humanos hacen referencia a algún tipo de estado.
¿Quieres tener amor?
¿La seguridad?
¿Ser considerado?
Quizá le gustaría tener más dinero y prosperidad
Y esto no sería para coleccionar papeletas de diferentes colores ilustradas con las caras de diversos personajes notorios del pasado. Lo que realmente quieres es lo que el dinero representa como estado, seguridad, la libertad financiera, etc. Que el dinero puede proporcionarte.
A través de miles del años los seres humanos han buscado y perfeccionado técnicas que ha sido capaces de alterar sus estados y, por consiguiente, su experiencia de la vida.
Ha ensayado el ayuno, la meditación, las ceremonias rituales, la música, la actividad sexual, determinados alimentos, la hipnosis y la oración. Todas estos metodos han dejado huellas en la vida de los seres humanos.
Si todo comportamiento es consecuencia del estado en que nos hallamos, no produciremos las mismas comunicaciones y conductas desde un estado que libere todos nuestros recursos, que desde un estado de impotencia. Entonces la pregunta que nos debemos hacer es:
¿Quién crea el estado en que nos hallamos?
En primer término, nuestras representaciones internas, y en segundo término, nuestras condiciones fisiológicas y el empleo que llagamos de ellas.
Es decir, que el comportamiento dependerá mucho del estado en que se encuentre tu mente subconsciente, y dependerá de las cosas que hayas representado en tu mente, las imágenes mentales.
La mayor parte de las decisiones que afectan a nuestro comportamiento procede primariamente de sólo tres de estos sentidos: el visual, el auditivo y el cenestésico.
Estos receptores especializados transmiten los estímulos externos al cerebro. Éste, a través del proceso de generalización, distorsión y supresión, filtra esas señales eléctricas y las transforma en una representación interna.
De este modo la representación interna, la experiencia que tiene uno de un acontecimiento, no es exactamente el suceso en sí, sino una reelaboración interior y personalizada.
La mente consciente de un ser humano no puede utilizar todas las señales que recibe. Es probable que nos volviéramos locos si tuviéramos que atender conscientemente a los miles de estímulos que recibimos en todo momento, desde la sensación del pulso en el dedo meñique de la mano izquierda hasta las más tenues vibraciones que inciden en nuestro oído.
Por eso el cerebro filtra la información y selecciona sólo la que necesita, o la que espera necesitar para uso futuro, dejando que la mente consciente ignore todo lo demás.
Este proceso de filtrado explica la inmensa variedad de la percepción humana. Dos personas que hayan visto el mismo hecho tal vez lo cuenten de maneras muy distintas.
Una de las constantes de la vida es que los resultados se están produciendo siempre sean positivo o negativos, seas consciente o no de ello. Si no eres tú quien decide conscientemente tus estados internos y qué resultados quieres obtener será entonces algún agente externo (una conversación, un espectáculo televisado, cualquier cosa que afecte tu mente subconsciente) lo que condicionará tus estados y dará lugar a comportamientos que quizá no te convengan. La vida es como un río cuyo fluir no se detiene; puede uno verse a merced de la corriente si no emprendes acciones deliberadas y conscientes para nadar en la dirección que juzgues más apropiada a tus intereses.
Si tu no siembras las semillas mentales y fisiológicas de lo que deseas cosechar en forma positiva, automáticamente todo se llenará de malas hierbas. Es decir, si no dirigimos de manera consciente nuestras propias mentes y estados, el medio que nos rodea puede producir estados al azar, y algunos serán indeseables, limitantes y negativos. Y las consecuencias podrían ser desastrosas.
Por eso es importante que permanezcas atento, día tras día, como guardianes ante las puertas de nuestro cerebro, para saber cómo nos representamos habitualmente las cosas a nosotros mismos. Cultiva diariamente tu jardín mental con pensamientos positivos
Sensei Diego
Gracias Pedro Contreras