04/07/2026
Llegan cuando otros huyen.
Cargan esperanza entre los escombros.
Lloran con quienes lloran.
Y sirven sin preguntar a quién ayudan.
La Iglesia nos enseña que los ángeles son reales, pero también que Dios se sirve de hombres y mujeres para hacer visible su amor. Y eso fue lo que vimos estos días en Venezuela.
Gracias a cada rescatista venezolano y a quienes cruzaron fronteras para venir a tender la mano.
Ustedes no solo levantaron concreto.
Levantaron la esperanza de un país.
Que el Señor los bendiga, los proteja en cada misión y permita que regresen sanos a sus hogares, llevando en el corazón la certeza de que su entrega dejó una huella imborrable.
“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.” (Juan 15,13)
Hoy muchos pudimos ver ese amor hecho servicio.
Gracias, héroes. Venezuela nunca los olvidará.